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sábado, 21 de noviembre de 2009

Meses después, me sigo molando.

Cada día es más inefable esa sensación que siento por las mañanas, cuando me miro al espejo. La diferencia entre una maravilla del mundo y yo, probablemente sea menor que la diferencia que exista entre mi mano izquierda y mi mano derecha.

A veces me siento mal. Sí, porque todo el mundo me mira como si estuvieran en frente de Dios. Es difícil, en esta situación comportarse como un humano, pues la evidencia es clara. No se puede aparanter lo que no es.

A pesar de ello, lo siento. Pero no soy así de sublime por que sí. Todos estamos en la vida por un por qué. Algo que debéis hacer y que por eso existís. Es evidente que Dios me creó para ser el espejo en el que vosotros tenéis que miraros para saber la mierda que sois y como podéis mejorar. Suena un poco brusco, pero a los no-inteligentes hay que explicarles las cosas claras, sencillas y concisas.

Además, un momento, esto es no es fácil para mí. Ser sublime siempre tiene un precio. Y es el de la soledad. No estoy a gusto con gente como vosotros, de un nivel mental infinitamente inferior del mío, además de una clara falta del desarrollo de la belleza, así como demás aptitudes. Por eso, no me rodeo de muchas personas, sólo de las más sublimes posibles entre vuestra raza.

Pero joder, ánimo. Vivís todos en una absoluta mediocridad, destacar es fácil.

Neil.

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