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sábado, 24 de diciembre de 2011

2011.

2011. Este año ha sido el año en el que todo ha cambiado.

Empezó con turbulencias, con la sensación de que la misma mierda se quedaría en la puerta de mi vida durante un largo tiempo más. Y con problemas.

¿Sabéis eso de que las desgracias nunca vienen solas? Pues se cumplió a la perfección. Las semanas de enero y febrero eran un continuo bucle de malas noticias. En casa, en la universidad, con mi gente,... todo mal.

Un luz. Incesante y brillante aparece en mi sinuoso camino y entonces nada vuelve a ser como antes. Pensaba que, estaría condenado un año más a cargar con los fantasmas de mi pasado, y sin querer, llega alguien que borra todo eso y se inventa una forma exclusiva de hacerme feliz.

La curva de mi vida, por aquellos finales de mayo, comienza a ascender exponencialmente a una velocidad de vértigo. De repente, tengo trabajo, mis esfuerzos académicos vuelven a dar sus frutos y una sensación novedosa juega con mi tez.

Pero, como siempre pasa en mi vida, alguien se encarga de conseguir que llueva incluso el día que menos te lo esperas. Una sombra brutal, salvaje y siniestra se apodera del futuro de mis hermanos negando cualquier atisbo de esperanza. Destinados al abismo final de nuestra historia, el desánimo se acumula en cada resquicio de nuestra alma. El sentimiento generalizado de impotencia es apagado por la inolvidable tormenta que ya asoma por el horizonte. Iba a llover, y mucho. Y todo acabaría. Los días pasaban y pesaban.

Mis hermanos planeaban sus respectivos futuros a kilómetros de nuestro reino. Mi luz se apagaba cada día más. Todo volvía a salirme mal. Como si hiciera lo que hiciere nunca fuera suficiente. Sabía, era consciente, de que me quedaría solo. Y por momentos, la única causa de mis sonrisas se alejaba cada día un centímetro más de mí. Sin saber muy bien por qué, mi cuerpo comenzó a consumirse y a finales de verano sólo me quedaba una pequeña parte de mi ser.

Y llegó septiembre. Empezó igual de mal que como había acabado agosto. Hasta los cojones del trabajo, asqueado con mi vida sentimental, y preocupado por la inminente despedida de mis hermanos.

Parecía que todo formaba parte del guión final. El último acto no tardaría en llegar. Pero. Siempre hay un pero. Esta vez, el pero es que somos WeekendWars. Que las patadas del destino las hemos convertido siempre en cosquillas. Los planes de manipulación de nuevos límites iban ganando fuerza. Como si, de repente, hubiéramos encontrado un motivo por el que no venirse abajo: extender nuestro dominio por toda la faz de la tierra. Carcajadas maquiavélicas acompañaban nuestras ideas.

Sí. Era la oportunidad perfecta para destrozar nuevos sistemas, provocar el caos en nuevas sociedades. Nos habíamos empeñado en ver lo que se nos avecinaba como un final y resulta que la realidad era que se trataba de la excusa deseada para aniquilarlo todo.

Así que supongo que Dios se acojonó. Cambió de planes y por arte de magia y contra todo pronóstico Señor T y Jota se quedaron en Ciudad. Erre, sin embargo, fue el elegido para viajar a los Reinos del Norte. Aún sigue allí. Y os aseguro, que no nos está defraudando. Lleva nuestro espíritu, era normal que triunfara. Es conocido por doquier en aquel lugar y el miedo de los que le rodean comienza a extenderse, sabedores de lo que es capaz.

Y en cuanto a mí, pues he aprendido que si quieres algo, y estás seguro, luches. Salta, aunque sea un vacío, pero salta. Salta aunque sepas que la caída te va a destrozar. Hazlo porque nadie más lo hará por ti. Y a veces, el vuelo resulta ser inolvidable. Y entonces merece la pena cualquier hostia. Yo lo he hecho, y fíjate, me va mejor que nunca.

Este año, 2012, es el bueno. Principalmente porque dicen los iluminados que será el último de la historia de la Tierra. No sé, pero creo que es lo que nos faltaba escuchar para seguir dando rienda suelta a nuestra apocalíptica imaginación.

Hay cosas que siguen estando jodidas, en casa, por ejemplo. Pero, recordad, el pero es que formo parte de WeekendWars. Y eso lo cambia todo. Además, últimamente nos estamos encargando de viajar a donde comienzan las tormentas. Tal vez, esa sea nuestra naturaleza. Vivir en el centro del peligro. Y vencerlo.

Neil.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

El cielo se apaga, las nubes se levantan. Volverá a llover. Una vez más. Es la tormenta final.


Termina el año bajo la sombra de una tempestad. Avanza sin piedad destruyendo todo cuanto nubla su paso. Se acerca a mí. Y, aquí estoy. Esperando la última batalla del año. Ha llegado la hora de cambiar todo aquello que me persigue.



No sé si he vuelto a cometer los mismos errores que hace un año. Ni siquiera sé si algo saldrá bien.

Cada noche te deseo. Deseo que vengas ya. Siento el tacto de tu fuego enredado en mi alma. La rabia de tu ser lloverá sobre mi piel. Lluvia ácida. Quemarás cada resquicio de infierno que alguna vez invadió mi mente. Tenía ganas de encontrarte y tú, siempre te girabas. Recobras el rumbo para reírte de mí por última vez. Tu mirada es el veneno de alguien que jamás cumplió sus sueños. Yo, un niño desterrado de su suerte, busco en algún lugar aquello que me prometiste. Y descubro que lo tienes tú. Mi pasado y mi presente, mi futuro y todo aquello que necesito. Aprieta los dientes, apriétalos bien. Yo supongo, que ya sabes que desde que te ví, te quiero aquí. Dándome guerra. Lloverás sobre mí. Asfixiame. Lo que quieras y como quieras. Son tiempos de guerra. Mi propia guerra espiritual.

Neil.

viernes, 9 de diciembre de 2011

La Comunidad del Anillo.

(continuación de Las dos torres)

Tras varios minutos sin decir nada, me levanté con pesadez. No tenía fuerzas ni para moverme. Cogería mis cosas y me marcharía de nuevo a la montaña. Olvidaría mi vida e intentaría comenzar otra nueva, alejado de todo aquello que me retuviese un minuto más en ese maldito lugar. Acaricié las cabezas de mis compañeros a modo de despedida y me alejé rápido hacia el coche.

Al llegar allí, alguien me esperaba apoyado en una de las puertas.


- ¿Tienes miedo? - preguntó desafiante.
- Sí. - contesté sinceramente. ¿Quién era?
- No lo suficiente.

Se acercó confiado, puso su mano sobre mi hombro y me miró fijamente a los ojos. Era un adulto, de unos treinta y pocos años, pero sus ojos eran profundos y denotaban el cansancio de alguien que nunca había vivido momentos de paz.

- Sé quién eres. Esto no ha terminado. Para ellos - señalando en un rápido movimiento con la mano al lugar por el que había venido - puede que sí. Pero para ti no.

- ¿Qué quieres? - susurré con un tono de tensión en mi voz.
- Tienes que acompañarme. Buscas Vendetta y yo también. No va a ser fácil...
- ¿Por qué debería confiar en ti?
- Porque no te queda a nadie más. Porque no tienes otra opción - habló con contundencia - Esto acaba de empezar. Bienvenido a la Comunidad del Anillo.

Neil

Las dos torres.

(continuación de El Retorno del Rey)

La misma ciudad, los mismos rincones, pero diferentes sensaciones. El silencio que atestaba el lugar me hizo pensar desde el primer momento que algo no iba bien.

Encapuchado y enmascarado bajé del coche, expectante. No muy lejos de donde me encontraba algo debía de estar pasando. Con pies de plomo e intentando contener la respiración avancé sigilosamente por aquella siniestra calle atestada de minúsculas partículas de agua que daban forma a la densa niebla que chocaba contra mi ser.

Una voz alertó mi ritmo cardíaco. A pocos metros de mí, dos siluetas me observaban. Una chispa procedente de un mechero fue suficiente como para tranquilizarme. La luz de Satán siempre era bienvenida.

Reconocía a la perfección cada silueta de esos dos rostros. Abatidos,exhaustos, descansaban en el suelo. Dos torres imponentes destruidas. Había llegado demasiado tarde. Respiraban con dificultad. Un charco de sangre rodeaba la pierna de uno de ellos. Me derrumbé. Nada. Todo había terminado. Las dos torres habían caído. El abismo de la oscuridad cayó súbitamente sobre mi alma desgarrando a su paso mi pasado.

Todo estaba perdido, pensé.

Neil.

jueves, 8 de diciembre de 2011

El Retorno del Rey.

Era tarde. Lo suficiente como para que la oscuridad de la noche invadiera hasta el último centímetro de mis pupilas. El frío calaba mis huesos y comenzaba a notar cierto hormigueo en mis dedos. Perdido en el abismo de la inmensidad de una montaña nevada, la cabaña de madera no era suficiente para sentirme seguro.



Desde la pequeña ventana de la habitación podía discernir una hilera de luces naranjas muy difusa. La ciudad dormía tranquila. El silencio, tan extraño para mí, golpeaba mis oídos expectantes ante cualquier estímulo relevante que considerara distante de la normalidad.

Ciertos pensamientos inoportunos recorrían ahora mi inconsciente, bombardeándome con recuerdos cargados de una densa nube de dolor. Una decisión que había cambiado mi vida y la de mis seres queridos. Frustrado por la desesperación y anestesiado por la impotencia mi incandescente alma comenzaba a despertar. Una imagen proyectada con una claridad impresionante en el umbral de mi materia gris electrizó hasta la última molécula vital de mi cuerpo. En un intento inconsciente por retenerme mis manos se aferraron alrededor de mi pelo. Consumido por las cenizas de una pasado prometedor que había acabado con todo lo por lo que había luchado en un tiempo anterior. El conflicto estaba en mi interior. Y la palabra "volver" azotaba con una fuerza suprema mis costillas.

No tenía mucho en el pequeño refugio. Un par de prendas, mantas y algún que otro cigarrillo. Un atisbo de esperanza iluminó mi rostro. Tal vez... Sí. Corrí hacia al armario y con violencia aparté cualquier objeto que interrumpiera la búsqueda de mis ciegas manos. Un tacto familiar rozó con calidez la yema de mis dedos. Con un rápido movimiento saqué del olvido aquél objeto tan característico. Asombrado, como siempre, por su increíble majestuosidad presencié ante mí el recuerdo de un yo anterior, pasado. Acaricié su superficie invadiéndome por el aroma de pintura y plástico que le representaba. Lenta, muy lentamente, volví a ocultar mi rostro. Por última vez.

Miles de sensaciones recorrieron mi cuerpo. Podía notar la sobredosis de adrenalina que mi cuerpo me estaba regalando para la última batalla. Cual fénix que vuela fervorosamente sobre sus próximas víctimas volví a a creer.

Una inconfundible parte de mí regresó apagando a su paso el miedo y el dolor. La fiereza de alguien que reclamaba el lugar que jamás debió de haber perdido y el valor que nace de la desesperación. La tormenta que por fin llegó.

Volví a mirar a la civilización. Sonreí siniestramente. Nadie podía negar el retorno del Rey. En algún de ese cúmulo de edificios contaminados por el sistema, se estaba librando una batalla. Una guerra que acabaría con todo aquello que una vez quise. Con todos aquellos que un día confiaron en mí.

El rugido inconfundible del motor de mi coche aceleró mi ritmo cardíaco. Era el momento y el lugar. Las cuentas pendientes con mi pasado iba a quedar saldadas para siempre.
Neil

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Un café con leche, por favor.


El café mueve anualmente millones de dólares, hasta el punto, de que estamos hablando de la segunda mercancía más comercializada del mundo tras el petróleo.

No hay más que ver la dura competencia que está teniendo lugar entre las cápsulas de Nespresso y Marcilla y de lo bien que ha sido aceptada por los bebedores habituales de café esta innovadora forma de tomarlo. Aunque, sinceramente, competir contra George y Dios es complicado... y sin embargo, Marcilla está aumentando cada vez más sus ingresos debido a una política de precios menores frente a su principal competidor.

Precios. ¿Os acordáis del programa "Tengo una pregunta para usted"? Un ciudadano le preguntó al aquel entonces presidente del Gobierno si sabía cuánto costaba un café en la calle. Noventa céntimos contestó el aludido. Y, como era de esperar, fue de lo más comentada la respuesta. Y de lo más criticada. Aunque esto último es el deporte rey de este país.

Sí, era una pregunta trampa. Da igual cual fuera la contestación, iba a dar de que hablar de todos modos. El precio de un café es distinto incluso entre dos bares que se encuentran a diez metros. Aunque a lo sumo, la diferencia reside en diez o veinte céntimos.

Entonces, ¿por qué en Starbucks los precios son tan desorbitados comparados con el bar que tiene al lado?

Tim Haford (El economista camuflado) lo explica perfectamente. Los de Costa Coffee empezaron vendiendo cafés solidarios en puntos muy transitados sobre todo por turistas. Al comprar un café de éstos, una pequeña parte de lo que pagabas tenía un fin benéfico. La cosa les fue mejor de lo que esperaban. Los clientes, personas de todo el mundo que visitaban lugares bonitos con sus cámaras fotográficas y sus gorros de paja respondieron de forma óptima a la propuesta. Se tomaban un café mientras disfrutaban de las vistas y de paso, por unos céntimos más, colaboraban por hacer del mundo un lugar mejor.

Y ahí empezó todo. Los clientes al comprar el café mandaban sin querer un claro mensaje, que como dice Haford podría resumirse en: Realmente, no me importa pagar un poco más si me dan un buen motivo.

Así que hasta aquí, los de Costa Coffee habían aprendido dos grandes lecciones. La primera, ten una localización privilegiada y la segunda, ten un buen motivo que darles.

Por eso no es de extrañar que lugares como Nueva York o Londres, los establecimientos de Starbucks se encuentren en lugares como bocas de metros de las principales líneas. Zonas de mucho tránsito, sobre todo en horas punta, dónde más de uno va con la hora justa y lo único que quiere es un café que tomarse por el camino, independientemente de la calidad del grano o de que haya que pagar más.

A pesar de que los productos de Starbucks no tienen un precio de coste muy distante entre uno y otro para la empresa, no todos los productos son iguales para el cliente, cada uno es especial, tiene un motivo especial.

-Chocolate caliente (sin ingredientes adicionales) …. 2.20
-Capuccino (sin ingredientes adicionales)… 2,55
-Café Moca (los dos anteriores combinados: hoy me siento bien conmigo mismo)… 2,75
-Café Moca con chocolate blanco (utiliza un ingrediente en polvo diferente: algo dulce para mi suspenso en el examen :S)…. 3.20
-Capuccino de medio litro (que sea bien grande, ha llegado la hora de cambiar todo lo que no me gusta de mí y necesitaré energía)…. 3,40

En definitiva, como diría Tom Hanks en Tienes un e-mail (película que por cierto suelen poner masivamente en la parrilla televisiva cuando se acerca la Navidad, para demostrarnos que el amor existe): la razón de ser de lugares como Starbucks es que permiten a personas que no tienen ninguna capacidad de decisión la oportunidad de realizar seis decisiones diferentes para tomar una simple taza de café.

Basado en hechos reales y El economista camuflado.

martes, 22 de noviembre de 2011

A aquél que nunca debió volver.


Te escondiste tras miles de lágrimas y sueños rotos. Buscaste cobijo en la trastienda de un alma consumida por el dolor. Una mente enajenada que jamás te olvidó. Y tu sonrisa, orgullosa, por la destrucción.

Sientes que tu lugar en este mundo de recuerdos oxidados ha llegado a su fin. Viviste en la sombra demasiado tiempo y ahora sabes que has sido eliminado de aquella vida que te prometió amor eterno.

Tu instinto te obliga a volver. Y empiezas a dar señales de que sigues ahí. Te sientes invencible, te crees poderoso. Conoces todos y cada uno de sus puntos débiles. Sabes como encender su sistema de alarma. Eres consciente de que puedes conseguir que llore, una vez más.

Pero las cosas han cambiado. No me conoces. No sabes quién soy. Deja que disfrute con esta pequeña ventaja que el destino me ha concedido, porque yo, lo sé todo sobre ti. Si decides volver, espero que tu valentía no se dirija sólo al público femenino.

Por desgracia, o por suerte, tengo más heridas cicatrizando en mi cuerpo de las que tú eres capaz de soportar. No tengo buen recuerdo de mi pasado. Pero sin él, no sería quién soy. He vivido situaciones que tú jamás podrías imaginar. Yo sé lo que es el dolor, el miedo y perder lo que más quieres en un suspiro. Sé lo que es no salir de casa por temor a no volver.

Soy un experimento fallido de una sociedad que pretende ser perfecta a costa de gente como tú.

Viejas sensaciones invaden de nuevo mi cuerpo. Llega la hora, el momento. Lo sé, lo presiento. Hay personas que nunca aprendieron que toda acción tiene una reacción igual y opuesta.

La partida ha comenzado. Mueve y utiliza bien tus cartas, porque siempre iré un paso por delante de ti.

NEIL
why so serius?

jueves, 17 de noviembre de 2011

Líder.


Nadie sin talento es capaz de cambiar el rumbo del mundo. Se necesita carisma y una mente privilegiada.

En los más profundo de tus entrañas, dónde no eres más que un puñado de órganos depurando la mierda que te metes al cuerpo, está tu verdadero yo. Por mucho que digas que quieres a alguien, eres el primero en alejarte de su charco de sangre. Y aunque creas que no tienes miedo, te engañas.

Un árbol en llamas ilumina la alineación de estrellas de esta silenciosa noche.

Mañana lloverá y las temperaturas bajarán. No salgan de sus casas, quedénse tomando chocolate caliente y viendo la tele.
Pero la radio se detiene. Una melodía siniestra y psicodélica acabar de invadir todas las emisoras. Los neurotransmisores reaccionan al instante y las concentraciones de potasio y litio se elevan exponencialmente.

Embaucados, los balcones se atestan de familias que sin saber muy bien por qué se ven ante la necesidad de mirar que está pasando en la calle. Poco pueden ver, la iluminación de las aceras ha desaparecido.

Elevan sus cabezas al cielo y ven por primera vez las estrellas. Muchos se preguntan que está pasando. Como si el mundo se hubiera detenido. "Dormid, dormid... es sólo una noche más" dice una voz lejana.

Al día siguiente nadie habla de ello. Los periódicos ni lo mencionan. Pero está ahí. Esa sensación de que algo ocurrió en una noche de Noviembre más. Veo sus ojos, la incertidumbre decora sus párpados.

Por las calles de la Universidad todo sigue contaminado de la misma mierda de siempre. Proyectos de futuro que siempre se quedarán en eso, y gente con talento desperdiciándolo en una partida de poker.

Señor T me acompaña en mi rutinario paseo verpertino cuando algo llama nuestra atención. Un grupillo de estudiantes se acerca a nosotros rápidamente con sonrisas de metal y de nicotina. T les detiene con un gesto y allí se quedan, esperando a que sea él quien vaya a ellos. Detecto admiración en las palabras de los chavales. Le miran fascinados. Agudizan la oreja esperando algún consejo de mi colega o simplemente el beneplácito por alguna buena acción.

Un par de chicas cuchichean entre ellas envueltas por risas nerviosas. Se tocan el pelo y dibujan una flecha que señala a T con las puntas de sus pies.

Señor T les arenga y cada palabra suya es un himno para ellos. Se preparan para una batalla contra otra facultad y toda su esperanza está despositada en mi colega.

Seguimos nuestro camino. Nos alejamos de ellos poco a poco, pero algo nos vuelve a detener. Están gritando al unísono. Nos giramos para ver qué está pasando. Miran a Señor T, con las manos en forma de alabanza mueven sus cuerpos hacia delante y atrás mientras cantan "Líder, líder...".

Cual general a su ejército, Señor T levanta su mano en forma de saludo y continúa hacia la tormenta perfecta con aire de viejo rockero.

Sólo se trata del principio.
Atentos.

Neil.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Otorgarle a alguien la capacidad de destruirte.


Es curioso como todos firmamos sin querer nuestra rendición cuando conocemos a esa persona. El principio de nuestro final. El primer día del resto de nuestras vidas. Cuando comienza no lo sabes, y todo es maravilloso, claro. Pero inconscientemente el plan siguen en marcha. Forma parte del guión. Está escrito. ¿Por quién? Ni idea. Pero existe, es algo real. Ocurrirá.


Entonces llega la parte en la que crees que lo sabes pero prefieres no decirlo. ¿Demasiado pronto? ¿Inseguridad? Y llega. Sabes que lo sabes y ya nada volverá a ser lo mismo. Es muy tarde para volver atrás. Le has entregado a esa persona el poder de destruirte. Sólo ella podrá acabar contigo. Como si le hubieras dado en una mano una 9mm y en otra tu corazón. No existe corazas ni armaduras impenetrables para el dolor que puede ser capaz de hacerte sentir. Hay muchas maneras de que te maten y sin embargo, seguir vivo.

Y ahora es cuando te preocupas de verdad. ¿Es normal? Dependencia emocional, vulnerabilidad, sensibilidad... esos sentimientos que pensabas que nunca te consentirías.

Pero, por alguna estúpida razón, sigues sonríendo cuando la ves. Estás convencido de que no apretará el gatillo. Le has dado todos tus puntos débiles, sólo ella podría ser capaz de aniquilar tu alma de un disparo en forma de palabra. Y no apretará el gatillo. Lo sabes.

Dicen que en eso consiste el amor, en otorgarle a alguien la capacidad de destruirte con la seguridad de que no lo hará. Yo estoy de acuerdo con la primera parte.

Neil.

viernes, 4 de noviembre de 2011

"Tú,...

...si estás leyendo esto, el aviso va dirigido a ti. Cada palabra que leas de esta letra pequeña inútil, es un segundo menos de vida para ti. ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Tu vida esta tan vacía que no se te ocurre otra forma de pasar estos momentos? ¿o te impresiona tanto la autoridad que concedes crédito y respeto a todos los que dicen ostentarla? ¿lees todo lo que te dicen que leas? ¿Piensas todo lo que te dicen que pienses? ¿Compras todo lo que te dicen que necesistas? Sal de tu casa, busca a alguien del sexo opuesto. Basta ya de tantas compras y masturbaciones. Deja tu trabajo. Empieza a luchar. Demuestra que estás vivo. Si no reivindicas tu humanidad te convertirás en una estadistica. Estás avisado..."

El Club de la Lucha.

domingo, 23 de octubre de 2011

Fe en el Caos.


El tiempo avanza. Las situaciones cambian, y en contra de toda lógica, las personas también.

Acabo el fin de semana con la sensación de que algo se me escapa. Como si me faltara la pieza más elemental de todas para tener la certeza de que lo hago es lo correcto.

Podemos enfrentarnos a lo que vemos. Podemos hacer frente a nuestros miedos y podemos superarlos. Pero, ¿qué pasa si no eres capaz de ver dónde esta el problema? Como diría mi colega T, es complicado enfrentarse a muros invisibles.

Reboso vitamina T por todos los poros de mi piel. Un fin de semana a su lado es suficiente para que el viejo Neil vuelva a encontrarme. Mientras todos vosotros necesitáis pura mierda que meteros en el cuerpo para abstraeros de la lúgubre y vacía realidad que invade hasta los resquicios más obsoletos de vuestra mente, T y yo seguimos evolucionando hacia el caos.

Evolucionar hacia el caos.


Puede resultar una ironía en sí misma. Es cierto, es lo que nos han enseñado desde pequeñitos y es lo que pretenden conseguir de nosotros. Todo organizado, todo previamente estudiado con el fin de mantener el control. Nos dijeron que evolucionar consiste en avanzar en fila y ordenadamente. Pero nadie nos habló de que tal vez evolucionar no tenga una relación directa con continuar adelante. Y, quién menciona el orden como característica intrínseca de la evolución olvida que el universo es la consecuencia de miles de circustancias que jamás quisieron seguir con el plan de Dios.

Evidenciar el caos en una sociedad que pretende ser perfecta. Ese es nuestro lema y nuestra causa. Mirad a vuestro alrededor y decidme, ¿qué está ocurriendo?

Un mundo de adultos en los que cada uno viva ensimismado en sus problemas personales y sus dificultades económicas. Que trabajemos o estudiemos, que tengamos una rutina, que creamos que nuestra vida no es nada más allá que lo que nos concierne a nosotros y a los que nos rodean. Cuanto más pendientes de nosotros mismos, menos problemas para ellos. ¿Para quiénes? Para nuestros guionistas. Para el sistema.

Y ocurre. Una supernova explota. Un ruido demasiado fuerte como para mirar a la calle y darnos cuenta de que las cosas no van bien.

Empieza la función. Mis hermanos y yo nos sonreímos maquiavélicamente. Nuestras piezas comienzan a moverse por el tablero. Y nuestro legado comienza a extenderse. Nuestro caos y la evidencia de ello ahora sale por la tele bajo el seudónimo de "Movimiento". El descontrol comienza a provocar disturbios. Los gritos de la multitud se elevan al cielo para que aquél que vive ahí escuche con atención. Y el sistema comienza a agrietarse. Todos unidos, incontrolados, contra un mismo objetivo. Tengo la sensación de que nadie puede parar algo así. Nadie ni nada detuvo al Universo en el Big Bang, recordad.

Las cosas cambiarán. Pero yo siempre seguiré teniendo fe en el caos, pase lo que pase con el mundo. Porque pienso que sólo entonces eres libre de verdad. Cuando nada es permanente y abres los ojos un poco más y descubres algo: nos hicieron creer que vivimos en un mundo eterno y sin embargo, se trata del lugar más potencialmente susceptible de ser destruído con una facilidad extrema.

Y algo tan básico cómo que las moléculas de la sustancia más importante para la vida siempre están en un tremendo caos, de un lado a otro, sin posiciones fijas en su estado líquido, pasa desapercibido. ¿Paradoja? Que lo que más necesitamos resulte ser descontrolado y difícil de predecir. ¿Curioso? No. Es caos. Es evolución a partir del caos. Es avanzar a partir del caos. Es progresar con el caos. Es tener fe en el caos.

No déis, bajo ningún concepto, la más mínima posibilidad de aceptar algo porque sí. Porque si dejáis que eso ocurra, ellos ganan.

Neil.

sábado, 22 de octubre de 2011

En un mundo ideal.


Cuando estoy contigo vuelvo a ser un niño. Ese pequeñajo de poco más de un metro de altura que soñaba con volar cuando miraba hacia arriba.

Porque cuando estoy contigo, recobro esa sonrisa inocente que nunca me olvidaba de borrar.

Los problemas y las preocupaciones dejan de tener significado para mí y siento que vuelvo atrás. A aquella época en la después de cada desayuno acababa con los mofletes manchados de colacao y me reía sin poder parar cuando me descubría ante el espejo.

Retrocedo a esos tiempos en los que podía pasarme horas y horas dibujando y viendo los dibujos, ajeno a la realidad de un mundo muy diferente a mi diminuto mundo de Peter Pan.

Y es que, cuando estoy contigo, recuerdo de nuevo aquella sensación de no saberse las horas y no importarme. De mirar a los mayores y no entender la ausencia de una sonrisa. De intentar subirme a un columpio y conseguirlo, y considerarlo la mayor hazaña de la tarde.

Cuando estoy contigo consigues que nada me preocupe lo suficiente. Que vuelva a sentir esa energía vital que nunca me hacía parar de jugar. Que no entienda nada y lo solucione sonriendo sin más. Que los abrazos y las caricias sean un regalo muy especial. Y sobre todo, consigues que tenga ganas de no crecer más. De detenerlo todo para no olvidarme de cómo me haces sentir. Como un niño...

Cuando era pequeño era fácil ser feliz porque todo se reducía a mí y a mi mundo ideal. Y ahora, tú eres mi mundo ideal.

Neil.

Viernes noche

Dos palabras. Tan sólo han hecho falta esas dos palabras para recordarme quién soy, o más bien quién era, y en quién me he convertido. Y es que hoy cobran más significado que nunca.

Mientras unos cigarrillos se consumían entre nuestros dedos, y la suave cerveza se deslizaba coquetamente por nuestras gargantas, Neil y yo hemos recordado unos viejos tiempos ( no tan viejos) en los que aquella misma noche era algo casi rutinario...y cómo todo, en apenas un mes, ha cambiado.
Al mismo tiempo que el gas de mi pálida bebida me hacia cosquillas mientras la ingería, otro tipo de cosquilleo recorría mi cuerpo al volver a proyectar en mi mente todo lo ocurrido desde la última vez que osé presentarme ante vosotros. El inicio de la Universidad, aquel objetivo antaño lejano, ahora es una maldita realidad que, aun siendo evidente que representa un cambio positivo en mi vida, ha trastocado y generado una frustración que desgraciadamente, conozco muy bien. WeekendWars como tal está dejando de existir. El súbito e inevitable distanciamiento entre los miembros del Tridente me genera una melancolía difícil de conllevar. Aun así, he tratado de paliarla como he podido; o bien manteniendo el contacto todo lo posible, o bien tratando de "simular" salidas casuales con mis actuales compañeros de forma que se asemejen un poco a lo que antes vivía cada semana. No he de excederme con los detalles de que la personalidad de WkW resulta extraña para gente externa al grupo y como todo lo extraño, crea desconfianza...y miedo. Así pues, estos se aterraron al ver un árbol en llamas, formando una gran T de Fuego.
Por otro lado, la marcha de Erre a un lugar lejano, muy, muy lejano, resultó muy deprimente en su momento, y aún nos está costando de asimilar. No es fácil perder a alguien así durante tantísimo tiempo. Además, la puta expectativa de que las cosas no van a cambiar en mucho tiempo no mejora la situación.
Pero a todo hay que verle el puñetero punto de vista positivo, o al menos eso es lo que me dice siempre mi compañera. Hoy, Neil y yo hemos hecho algo más que tomar unas cervezas juntos y hablar amistosamente. Hoy hemos recordado lo que se siente al volver a vivir un Viernes noche. Recorrer las calles de siempre, en la oscuridad de siempre, el frío de siempre... y la agradable sensación de que somos sublimes. Comentar que, pese a nuestros cambios vitalicios, los ineptos siguen rodeándonos en cualquier ámbito de nuestra vida cotidiana y que también, pese a nuestros cambios de vida, hemos acabado otro magnifico viernes noche como siempre hemos hecho, juntos, y pensando en como volver a ver un sano y prominente árbol de nuestro vecindario siendo pasto de las llamas, formando una gran T de fuego.
Los vientos de cambio aúllan cual lobos territoriales a su luna. Una nueva era se avecina. Y WeekendWars le daremos la bienvenida...


A nuestro modo

miércoles, 19 de octubre de 2011

Debería decirte la verdad.


¿Sabes? Creo que debería ser sincero contigo y decirte la verdad: tengo muchísimos defectos.

Mira, para empezar, me pongo bastante nervioso cuando tengo que hablar en público, y la mayoría de veces se me escapa algún chiste de esos que te prometes no decir nunca en voz alta. Tampoco se me da muy bien escuchar. Me falta paciencia para estar concentrado en algo y resulto bastante caprichoso cuando no consigo lo que quiero.

Soy muy maniático. Y puede que un pelín supersticioso. Además suelo ser de esos que se ahogan en un vaso de agua haciendo una tormenta de una simple gota de lluvia.

Y siempre digo que dejaré de fumar mientras me enciendo un cigarro más. Y tengo la costumbre de levantarme pronto los domingos con la idea de cambiar todo lo que odio de mí para acabar a las doce de la noche diciéndome a mí mismo que he echado a perder otro domingo más. Sí, soy el típico tío que se sabe la clasificación de la liga, contra quién juega mi equipo esta semana, la siguiente... y que se lo pasa genial jugando siempre al mismo videojuego de fútbol.

No te puedo prometer que me acuerde del nombre de todas tus amigas. Y tampoco que me acuerde de qué es lo que hiciste ayer por la tarde. De paso te pido perdón ya por todas las fechas de las que me voy olvidar.

Me cuesta mucho expresar lo que siento. No soy de los que te dicen "te quiero" constantemente. Ni de los que se pasan media hora al teléfono diciendo "cuelga tú". Y para nada soy detallista... no te prometo flores en San Valentín, o un sms cada noche, o un "felicidades por tu aprobado" tras un examen.

Por si fuera poco, nunca pienso lo que digo. Esa será una de las razones por las que puede que te estropee tus mejores días con algún comentario absurdo. Y puede que si estás mal yo no lo note...

Tampoco soy un gran partido. Nunca escribiré un gran libro, seré el protagonista de una película de hollywood o descubriré una cura contra alguna enfermedad. Realmente, no soy bueno en nada; no tengo oído para tocar algún instrumento, me falta la coordinación suficiente como para practicar hasta el más simple de los deportes y siempre apruebo con un cinco raspado.

Vamos, que no soy nada especial. Ni un príncipe, ni un caballero de cuentos. Nada de nada.

Pero... ¿sabes una cosa más? Hay algo en lo que sé con total seguridad que seré el mejor: en quererte como nadie lo hará jamás. Suena descabellado, ya lo sé... pero si te atreves a soportarme, a mí, el chico más insoportable de los que te vayas a encontrar, te prometo que no te fallaré.

Neil.




martes, 18 de octubre de 2011

Conflicto interior.

Soy una sombra de lo que solía ser. La ceniza de ese cigarro que siempre prometes, en vano, que será el último. Soy la última palabra que dijiste antes de marcharte. Soy el crepúsculo de una tarde de invierno en un paisaje olvidado.

Soy una lágrima sin rumbo deslizándose por tu mejilla. Soy tu respiración acelerada al volverme a ver. Soy todos esos golpes que jamás te atreviste a dar. Soy el grito de desesperación de una vida vacía.

Soy tus sueños rotos. Tus esperanzas perdidas. Soy el hastío que te envuelve en una enajenación mental transitoria. Soy el descosido de ese pantalón que jamás volverás a vestir.

Soy el frío de tu corazón. Y el miedo de tu interior.

Soy la causa por la que no duermes ninguna noche. La pesadilla que te acecha si lo consigues.

Soy todo aquello que siempre has querido ser, y a la vez, todo aquello que nunca serás.

Enfréntate a mí. Búscame. Ven a por mí. Sabes donde estoy y acaba conmigo. Elíminame de una vez de tu vida y vuelve a caminar erguido. Acaba con esto, ¡ya! No eres más que un trozo de carne pudriéndose en una sociedad contaminada. ¡Ven! Jamás serás ni la mitad de lo que quisiste ser sino me miras a los ojos. Soy tú. Soy tú. Formo parte de ti. Soy ese casi, ese "a la próxima", soy el suelo en el que aterrizas constantemente. Soy tu freno de mano. Tu stopper. Acaba conmigo, ¡vamos!

Neil.

viernes, 14 de octubre de 2011

Serenata inmortal.

Dicen que nuestras huellas dactilares no se borran de las vidas que tocamos. Supongo que algo parecido pasa con nuestros recuerdos. Que siempre estarán ahí, queramos o no. Tal vez si consiguiéramos eliminarlos dejaríamos de ser quienes somos. Como si extirparán de forma súbita nuestra identidad más personal.

Es bueno recordar. A veces.

Todos tenemos una historia oscura. En mayor o menor medida, todos guardamos en un cajón oxidado un puñado de lágrimas que una vez estuvieron en lo más profundo de nuestro alma deseando no ver la luz del sol nunca.

Es increíble cuanto cuesta que cicatricen las heridas. Y que poco que vuelvan a sangrar.

Eres otra persona. Todo ha cambiado e incluso te ves preparado para afrontar la vida de una manera distinta. Crees que a pesar de todo, algo has aprendido. Aunque no sepas muy bien el qué y todo lo que se te ocurra acabe en "no confiar nunca más en nadie".

Y sin embargo, una palabra o un simple aroma es capaz de someterte al viaje más doloroso que te puedas imaginar. Retrocedes en el tiempo en milésimas de segundos para situarte en un lúgubre salón, poco iluminado y bajo la supervisión de una inconsciencia manipulada por aquellos recuerdos que te prometiste enterrar.

El dolor de la atmósfera te envuelve. Sudas ácido de batería y una inminente claustrofobia apuñala tus pulmones. Ya has estado en ese lugar. Pero ya no estás en el mismo cuerpo. Entrecierras los ojos y te ves a ti mismo sentado en una silla con los codos apollados en las rodillas y las yemas de tus dedos acariciando tus sienes.

"Estaba llorando".

En el fondo del pasillo alguien chilla desesperádamente. Ves como ese que eras tú se levanta con torpeza, como si estuviera mareado, para dirigirse al lugar de procedencia. Te asombras de como eras. Consigues una visión más nítida de tu antiguo yo y te asustas. Los ojos, hinchados como consecuencia de una larga época de sufrimiento, carecen del brillo que siempre les caracterizó. Una cara en sí demacrada, con diferentes cicatrices y alguna en carne viva aún, complementan a un cuerpo pálido cuyas piernas deambulan sin destino.

Aporrean a la puerta. Insultos, gritos.

Ella sale del baño y se abraza contigo en medio del pasillo.

El corazón se te hiela al volverla a ver. Te acercas para verles mejor. Dos adolescentes sumidos en lo más profundo de un abismo sin retorno. Ella, entre sollozos le susurra a tu antiguo yo que ya están aquí, que van a por él. Y mientras, él le abraza con fuerza prometiéndole que algún día dejarán de sufrir.

Y entonces, una lluvia de recuerdos bombardea en ese momento tu mente. Sigues retrocediendo para verte a ti en tu primera pelea por ella, la primera vez que viste quién era realmente, la primera sensación de pánico, el primer momento después de un arrebato de ira...

Todos tenemos miedo. Existen miedos comunes como el que se tiene a la oscuridad, a las alturas... Esos se pueden superar, pero existen otros, como el miedo a volver a sufrir, a volver a ser traicionado, que siempre estarán ahí. Y que simplemente deberías intentar convivir con ellos.

Porque vuelven a aparecer. Incluso puedes llegar a tener una sensación de deja vú ante determinados momentos. Como si ya hubieras pasado por esto. Supongo que es así como me siento ahora. Tengo miedo de volver a vivir algo que ya he vivido y que por mucho que intente convencerme de que lo he superado, realmente no es así.

Hay días, en los que sin saber muy bien por qué, noto como si me escociera la piel en zonas en las que no hay más que eso; piel. Pero en las que, un día, hubo sangre.

Neil

jueves, 22 de septiembre de 2011

Incertidumbre.

Y ahora me busco sin encontrarme. Me escucho sin entenderme. Respiro y me quedo sin aire. Camino y levito en este viento que no vuela, que no sueña.

El miedo se ríe.

Sólo es una etapa más que una parte de mí no quiere dejar escapar. Y sólo digo que no sé qué hacer. Y aunque a veces parezco el actor secundario de mi vida, sigo sintiendo. Sin querer sentir.

Estoy ante uno de los puzzles más raros que jamás he tenido que resolver. Nada encaja. Cada pieza es un nuevo puzzle con miles de piezas más. Ninguna quiere enterarse de que el juego hace tiempo que empezó. Unir una pieza sólo consigue sacar otra.

Empieza todo a confundirme. Me sorprendo con cristales en los ojos una noche, y me hace pensar lo importante que es para mí. Más de lo que estaba dispuesto a asumir. Más de lo que siempre he querido aceptar.

Y todos los principios serán eternamente bonitos. Una película de verdad, de las que te hacen imaginar que tal vez la felicidad no se vaya tan allá de nuestros ojos.

Un arma. La más importante. Tu ser. Lo concedes en un tarro vacío con la esperanza de llenarlo de un plural: nosotros. Y poco a poco, cada vez más, comienzas a tener la convicción de que alguna cosa habrá que dejar fuera. Cada rincón empieza a ser especial. Más especial que todo lo que hasta ahora eras capaz de imaginar.

Nace en ti un nuevo sentido, capaz de entender a esa pareja que se mira y sonríe, sin más. Cómo si de la ley de acción y reacción se tratara.

Y entonces. Algo ocurre. Un error.

Todo se rompe violentamente contra el suelo. Tus lágrimas y los cristales dibujan la palabra traición en el suelo.

Todo se termina y la sensación más terrible de todas las que el ser humano pueda imaginar te invade: el dolor.

Tu mirada se oxida. Y el miedo te encuentra. Te has equivocado...

Pero el destino es juguetón. Os volvéis a encontrar.

¿Qué puedes hacer? Toda tu razón saben que no debes caer. Todos tus allegados lo evitarán.

Y en el fondo más profundo de tu corazón, quieres caer. Porque lo que hay ahí nadie podrá cambiarlo.

¿Y ahora? Estoy rompiendo todas las reglas, iré al infierno de todos modos, así que he pensado hacerlo hasta el fondo.

Neil

jueves, 1 de septiembre de 2011

Nueva temporada.

Cabizbajo garabateo mi nombre en la tierra. Suspiro, miro al cielo, y vuelvo a bajar la cabeza. Cómo han cambiado las cosas en dos meses, pienso. ¿Y hasta qué punto pueden seguir cambiando? Sin pena ni gloria el verano se ha terminado prácticamente. Será fácil olvidarlo. Nada especial que comentar. Hasta el punto de que por un momento he llegado a pensar que mi vida, nuestras vidas, no eran más que el reflejo de una sociedad marchita y contaminada que se pudre a una velocidad de vértigo.

Pero hoy me he despertado con una sensación olvidada. He perdido la noción del tiempo, de los días. Y sin embargo, mi inconsciente es la única razón por la que sigo despierto. No deja de trabajar nunca. Y yo me alegro, porque sin él no habría mirado el calendario.

Nuevo mes. Septiembre.

Una melodía siniestra aleja mis pensamientos. Atraído de forma hipnótica me acerco al sonido. No parece estar muy lejos.

Una guitarra suena en Banco. Acelero el paso.

Y ahí está. Todo se detiene, incluso mi respiración. Nos miramos y vislumbro sus colmillos de forma fugaz en lo que a mi me recuerda a una sonrisa muy familiar. Con pose desenfadado acurruca su vieja guitarra en su chupa de cuero.

- Llegas tarde - comenta jovialmente mientras se levanta para abrazarme.
- Y aún así soy el primero - respondo en el mismo tono.
- Espera - termina de forma misteriosa Señor T.

Quería preguntarle, hablar. Tenía tantas cosas que decirle, quería saber otras tantas más.

Pero no me dio tiempo a articular las cuerdas vocales. Una explosión a unos pocos metros de nosotros seguido de un par de fuegos artificiales despejó todas mis dudas.

Sobre un coche ardiendo se encontraba 1021 con los brazos en cruz, encapuchado y mirando al cielo amenazante. Tras él, fuego.

Sin tiempo para buscar una explicación razonable Erre y Jota emergieron de las cenizas que la destrucción letal estaba dejando a su paso. Cargaban con grandes bolsas negras que debido a la cantidad de cosas que llevaban dentro no se había cerrado del todo.

Sobresalía un par de bates, máscaras, indumentarias negras.

Había pasado todo el verano a la sombra, viviendo de noche y durmiendo de día. Me había separado de ellos lo suficiente como para no entender nada de lo que estaba ocurriendo. Comprendí que era demasiado evidente mi desconcierto. Algo que hacía disfrutar a Señor T, siempre fan de las primeras impresiones.

El sonido de las ambulancias y los coches de policía comenzaban a hacerse notar unas calles atrás.
Lo lógico habría sido que 1021 bajara del coche y que nosotros comenzaramos a correr.

Pero definitivamente las cosas habían cambiado del todo.

En vez de eso, 1021 se giró hacia donde procedía el sonido mientras que fugazmente sacaba algo de su chaqueta. Le prendía fuego y lo lanzaba al cielo.

Más fuegos artificiales que simbólicamente sólo podían significar una cosa: estamos aquí, venid.

Erre y Jota, ya con nosotros, comenzaron a sacar lo que portaban en las bolsas. Un par de chaquetas negras, nuestras queridas máscaras, bates, petardos...

- Vamos, vamos - gritaba 1021 que ahora sí venía hacia nosotros. No era un grito desesperado, sino de entusiasmo.

- Por fin algo divertido - reía Erre.

Y así es como comienzan las grandes historias. Tal vez no las de la gente normal, pero sí las nuestras. Hemos vueltos, estamos aquí. Y tú lo tienes que saber.


We party rock.

WeekendWars 2011 - 2012

jueves, 21 de julio de 2011

En definitiva.

Poco a poco mis peores temores comienzan a confirmarse. Todo lo que podía salir mal, está saliendo mal. Cada miembro tiene un destino distinto. En unos meses, ninguno volverá a estar a poco más de cinco minutos de Banco. Y que nos reúnamos con facilidad resultará más difícil de lo que pensamos.

Las cosas cambian, y ya han cambiado. Esto se acaba. Nos hacemos mayores, dice uno voz desde lo más profundo de mi alma. Y nada volverá a ser igual. Aunque nos esforcemos, jamás volveremos a tener la misma sensación.

No sé qué va a suceder a partir de ahora. Pero nada parecido a lo que era hasta ahora.

Sólo nos queda una última opción de que la leyenda de lo que fuímos se mantenga intacta. Un miembro entra para ayudarnos. Un hermanos más.

Nos enfrentaremos a la última batalla. La más grande y dura de todas a las que nos hemos enfrentado.

Qué haremos. No lo sé. Nunca lo sabemos. Pero lo haremos. Debemos.

En fin, no es un gran día para el grupo.

martes, 19 de julio de 2011

Encargando una máscara más.

Aparentar ser quiénes no somos siempre es difícil. Buscamos aprender del resto de mortales que nos rodean. Sus gestos, sus miradas. Todo es importante para saber como debemos comportarnos. Para intentar pasar desapercibidos.

Mantenemos una vida normal. O eso intentamos.

Tenemos nuestro trabajo, nuestros estudios y algo de relación social. Nadie, a simple vista, podría pensar que nuestra verdadera vida queda ocultada tras una máscara sepulcral.

Nadie de los que nos rodean podrían llegar a creer que somos los que luego causarán el pánico cuando la oscuridad caiga sobre las últimas horas del día. Nadie, en su sano juicio, llegaría a vernos como una amenaza tras nuestra gran capacidad para ser encantadores con todo ser orgánico.

Y, a veces, ocurre.

No todo el mundo puede pertenecer a WeekendWars. Y quiénes lo intentaron, cayeron en el olvido.

Buscamos con fervor nuevos miembros capaces de magnificar nuestro legado más allás de las fronteras que existen para sólo cuatro personas. Pero es muy difícil. Todos son tan imperfectos, tan humanos.

Es fascinante como casi siempre, cuando buscas algo, lo tienes delante. Y no te enteras.

Entonces llega alguien. Interesante. Podría valer, pensamos.

Hago gala de mi don para psicoanalizar todas y cada una de sus microexpresiones, movimientos y actitudes. Es bueno, les digo a mis hermanos.

El interés crece.

El sujeto analizado causa sensación.

Pero debe haber algo. Algo lo suficiente importante como para confirmar si merece o no entrar en el grupo.

Y como he dicho antes, como si hubiera nacido para ésto, ocurre.

1021. Así se hace llamar.

No sabe quiénes somos en realidad. Conoce la parte que nosotros hemos querido que conozca. Pero aún así, ya se siente incondicional e irrevocablemente unido a nosotros.

Noche cualquiera. Parque cualquiera atestado de gente bebiendo.

Un veloz movimiento nos distrae. 1021, veloz, desaparece dejando el rastro del viento agitado a sus espaldas.

Súbitamente aparecen los Jinetes. Nada, estamos limpios. Porque 1021 ha querido. Sin su capacidad de detección, sin su velocidad y sin su rápida toma de decisiones, nos habríamos visto envueltos en una emboscada trágica. Difícil de de escapar de ella sin usar la aniquilación y el fuego. Suficiente para sacar a relucir nuestro verdadero yo, y para destapar el secreto. Todos sabrían quienes somos y yo ya no estaría aquí, escribiendo.

Mis hermanos y yo no nos dijimos nada. Pero lo pensábamos.

Algo va a cambiar, y entonces, ya ha cambiado.

Volveremos a ser cinco, pronto. Muy pronto.

lunes, 18 de julio de 2011

Volverá a sonreír

Hola, soy el Señor T. Como estáis acostumbrados, vengo aquí para hablar de algo. Y no se trata de alguna increíble aventura de WeekendWars, alguna gesta heroica por parte de alguno de los miembros o ni siquiera lo que parece que es la incorporación de un nuevo miembro.El tema de hoy trata un tema que, cuanto menos, es polémico. Y ojo que he dicho cuanto menos.

El gobierno de los populares gobierna ahora prácticamente todas las comunidades autónomas, incluida la mía. Ademas, después de 20 años de mandato socialista, se han impuesto su oposición para llevar la alcaldía de la ciudad. Pues últimamente llegaban a mis oídos rumores de que el alcalde quería construir un campo de golf. A mi me parecía algo tan sumamente escandaloso que di por supuesto que eran rumores tontos, pero aun así, me informe. Así pues, mi fuente me lo confirmó, y no sólo eso, sino que quería hacerlo en una zona natural protegida, de alto valor biológico. Aun así, añadió que este proyecto debía ser aprobado por algún tipo de tribunal de la Generalitat. Mis alarmas se dispararon, pues no nos dirige otro que el corruptísimo PP valenciano y en su cabeza, el famoso F.Camps. Y ni siquiera así pensé que pudiese llevar a cabo tal proyecto.

Hoy mismo, unos informativos de la televisión informaban de la próxima construcción del campo de golf, y si, en zona protegida. Según ellos, está permitido mientras no se edifique. Simplemente magnífico. Hablaban de los miles de metros cuadrados que tendrá...los "supuestos" ingresos que generará...que si su fusión con el campo de tenis esto...que si desestacionalizará el turismo de playa.... en fin, gilipolleces.

Hoy ha llegado la hora. No permitiremos que tal atentado se lleve a cabo. El boicot, manipulación o la simple destrucción adquirirán un nuevo significado. Es hora de volver a sacar esas ya viejas máscaras que en su día nos dieron todo el poder que solo el miedo y el anonimato pueden llegar a otorgar. Es hora de sacarla de ese baúl cuya llave tiene forma de tridente, quitarle el polvo, y prepararnos para algo grande. Y así, tras un largo letargo, una faz de payaso volverá a sonreír cubriendo mi cara esperando, simplemente, que me deje llevar.

viernes, 15 de julio de 2011

Empiezo ahora.

Corría calle arriba, todavía se podía oler la fragancia en el aire, fragancia a sangre, sangre fresca. Estaba solo en la ciudad, solo yo y el retumbar de mis nerviosos pasos, necesitaba encontrarme con alguien, obsesionado lo estaba. No era la primera vez que había creído sentir a un rastro de vida en aquella encrucijada de la soledad y el fracaso, pero siempre resultaban ser malas jugadas de mi imaginación, quién actuaba a merced de mi inconsciencia.

Esta vez podía sentir el calor humano en el aire, algo inexplicable, nunca me había sentido algo así; de todos modos tenía miedo de que fuese otra aparición mental. Ya estaba llegando, gire la última esquina, las piernas parecieron dar la vida en aquel movimiento de tobillo. Me topé con niebla, y todavía más niebla, densa, pegajosa, insalubre, fría y húmeda, terrorífica, espantaba, los pelos no se me erizaron, sino q se encogieron, como queriendo desaparecer de aquel lugar.

Era una emboscada, una trampa, lo sabía aunque no podía ver absolutamente nada, ni siquiera mis manos una vez el brazo extendido. Me quedé paralizado, aturdido, era una estatua con sangre caliente, muy caliente. Podía volver por donde había venido, y desaparecer de allí; dar dos pasos atrás, salir de la niebla y empezar a correr hasta que mis piernas fraguasen. Vacile durante segundos, o tal vez siglos, solo tenía en la mente huir, como había hecho otras tantas ocasiones cuando me encontraba a los depredadores de la noche, fieles aliados de la frustración y la oscuridad. Perdonarme, no os los había mencionado, son aquellos que han creado este mundo, y ellos mismo son los que se encargan de destruirlo, no sé lo que son, ni lo que realmente andan buscando, pero recomiendo que no lo sepáis, no habléis de ellos, no intentéis comprenderlos, no os acerquéis a ellos, no los busquéis, tranquilos ya os encontraran.

Estaba a punto de dar media vuelta y correr, pero en el último suspiro, escuché los chasquidos de unos mecheros, dos al menos. Reaccioné rápidamente, entendí que no estaba solo, y si huía volvería a estarlo, por ello me encendí otro cigarro, o mejor dicho, cigarrillo; me oyeron encenderme el cigarrillo, y descubrieron mi presencia, yo sentí q me sentían. De manera automática, sin si quiera vernos, fuimos hacia delante, hacia el foco de la niebla, a luchar, a vencer a nuestros miedos.

Ahora ya no estaba solo.

- ¿Qué ha sido eso? - preguntó Jota, nervioso.

Un extraño sonido nos había puesto en alerta. Como algo que se rompe en mil pedazos tras chocar violentamente contra alguna superficie.

El silencio de la noche, más siniestro que de lo normal, había sido motivo de inquietud para el grupo horas antes, mientras disfrutábamos en Banco de la tranquilidad que tan difícil se nos hacía conseguir desde hacía semanas.

La espesura de la oscuridad se fusionaba como si fuera una única pieza con las miles de gotas de lluvia condensadas que componían el aire aquella noche. Incluso se podía sentir cierto rumor del viento que traía consigo una gélida brisa.

- Esto no me gusta nada. - su voz era afilada, como el sonido de un metal.

Súbitamente, un grito ahogado.

Silencio.

Y entonces, entre las calles de la ciudad, algo se movió lo suficiente como para llamar nuestra atención por completo. Pudimos vislumbrar con esfuerzo la figura de alguien que se ocultaba en las sombras corriendo. Huía.

A pocos metros de él, varias personas más.

Nos miramos. Y sólo nosotros, sin mediar una palabra, supimos que hacer.

Nos pusimos de pie con velocidad mientras Señor T comenzaba a sacar las máscaras.

- No quiero ningún tipo de distracción. Esta noche no. - susurró Señor T mientras se ajustaba tapaba el rostro.

- Han ido hacia el este, podemos atajar por calles secundarias. - añadió Erre.

- Son los Jinetes. Si no nos apresuramos acabarán por alcanzar al chico. - decía en forma de ordenanza Jota.

- Mal día para ir de caza. - esbocé media sonrisa.

Comenzamos a correr y a esquivar obstáculos. A pesar de la tensión, viejas sensaciones volvieron a recorrer nuestro cuerpo en forma de adrenalina.

Avanzábamos majestuosamente dejando atrás calles desiertas. Incansables.

- ¡Están a solo una calle! - informó Señor T, en cabeza del grupo.

- ¡Está bien! ¡Vamos! ¡Separáos! ¡Dos en el flanco izquierdo y dos en el flanco derecho! - ordenó Erre.

Continué siguiendo a Señor T mientras observaba como Erre y Jota se separaban hacia la derecha. La oscuridad no era problema para continuar con la imponente velocidad que nos habíamos impuesto.

Un nuevo movimiento, no muy lejos de donde nos encontrábamos, me distrajo.

- ¡Alto! - ordené.

Los cuatro se detuvieron, atónitos. Me miraron fugazmente para volver a mirar a su alrededor y asegurar la zona.

- El chico les ha confundido. Se encuentra en aquel callejón - Señalé a pocos metros de nosotros, hacia la opertura de una pequeña callejuela poco visible debido a la oscuridad y niebla.

- Vamos a por él, si lo encuentran esto habrá terminado .- no pude reconocer la voz, estába demasiado concentrado en avanzar lentamente, sin hacer ruido. Temía que se tratase de una trampa.

No se veía nada allí dentro. ¿Me habría equivocado? ¿Lo habría imaginado?

Un sonido familiar.

Una chispa.

Fuego.

La luz iluminó su rostro. Encapuchado con pose seria, angelical.

Se encendió un cigarrillo.

Señor T y yo nos dedicamos una mirada de complicidad e hicimos lo propio. Es extraño, pero volví a sentir otra vieja sensación. Miré con cautela su semblante. Nuestros ojos se encontraron y pude ver un atisbo de confianza en un guiño de ojos. Le devolví el gesto.

Pisadas.

Venían.

- Quédate atrás, déjanos a nosotros - le dije con un sonido gutural mientras me giraba hacia la entrada del callejón.

- Ni lo sueñes, somos cinco, estoy con vosotros. - sentenció, amenazador, desafiante.

Me mordí el labio para evitar una sonrisa.

Volví a girarme para analizar el rostro de Señor T sin llegar a hacerlo. Un olor desvió nuestra atención hacia el chico. Alcohol.

Encorvado hacia delante, totalmente de negro y con una sonrisa siniestra miraba hacia el frente. Encima de él, en el muro, unos números ardían con hervor.

1021













miércoles, 13 de julio de 2011

Una historia más.

Un día pasa que estás de pie en algún lado y te das cuenta de que no quieres ser ninguno de los que están a tu alrededor. No quieres ser ese puto pringado que por caer bien a todo el mundo se calla lo que piensa. Ni ese trajeado que pone una media sonrisa aparentando que todo está bien cuando realmente está harto de su vida. Te das cuenta de que no quieres ser ese infeliz que camina escuchando música con su iPod pensando que algún día será quién siempre ha soñado. Ni siquiera quieres ser tu padre, o tu hermano. No quieres ser nadie de tu familia. Ni siquiera quieres ser tú.

Sólo quieres salir corriendo. Salir a toda hostia del sitio en el que estás.

Y de repente ocurre. Algo se acciona. Y en ese momento sabes que las cosas van a cambiar. Ya han cambiado. Y que a partir de ahí, ya no volverán a ser lo mismo. Y cuando ocurre, lo sabes.

Todo se detiene, alguien llega y te dice que aflojes. Que bajes el ritmo, disminuyas la velocidad. Y comienzas a apreciar las pequeñas cosas, los pequeños detalles. Te das cuenta de que ese chico de allí iba a tu colegio. Que encima de la estantería hay un viejo cuadro de Elvis, y que la chica de allí enfrente no ha dejado de mirarte desde que has entrado. Pero, sobre todo, empiezas a desear que nada vuelva a acelerarse. Que todo transcurra lentamente. Que no acabe.

Los caminos se bifurcan, cada uno toma una dirección pensando que al final los caminos se volverán a unir. Desde tu camino ves a la otra persona cada vez más pequeña.

No pasa nada, dices, estamos hechos el uno para el otro. Y al final, sólo ocurre una cosa. Llega el puto invierno y no hay vuelta atrás. Lo sientes, y justo entonces intentas recordar en qué momento empezó todo, y descubres que todo empezó antes de lo que pensabas, mucho antes. Y es ahí, justo en ese momento cuando te das cuenta de que las cosas sólo ocurren una vez, y que por mucho que te esfuerces, ya nunca volverás a sentir lo mismo, a tener la misma sensación.

Pasa el tiempo y te arrepientes de no haber aprovechado hasta la última molécula de nitrógeno que envolvía la atmósfera de aquel momento. Y aquel rincón que una vez fue especial, ahora no es más que un puñado de recuerdos oxidados.

Si algo he aprendido hasta ahora, es que no hay que ser realista.

Neil

martes, 12 de julio de 2011

Un puto MP4 de malas noticias

Hola, soy el Señor T. Si, mi gran amigo Neil me compara con dicho aparato. Y es que menuda época. Llevo semanas pensando en actualizar, pero siempre decido dejarlo para cuando todo acabe. Pero es que esto parece ya una espiral prolongada al infinito de la que es imposible escapar. Y esto no acaba nunca.

Todo empieza desde mis resultados de las pruebas de acceso, decepcionantes por una parte, pero asombrosamente brillantes por otra. El caso es que con una media más que suficiente tuve clarísimo que podía alcanzar mis objetivos, con un gran margen de error. Pero las cosas se torcieron, siempre lo hacen. Sin sustento económico, mi meta se desvanecía justo antes de alcanzarla y tuve que remodelar mis planes, desde cero; cosa que como sabéis, es algo que odio profundamente. Así pues, recalcué mis posibilidades y las comparé con lo que ansío, para tratar de derivar una forma en enlazarlo. Después de días y días analizando, di con una solución imposible de poner en marcha hasta saber si me aceptaban allí donde quería ir. Confiado, me preinscribí en la universidad, dando por hecho que mi nota alcanzaba de sobra el mínimo. Ese mismo día, me demostré a mi mismo lo sublime que puedo llegar a ser, pues se la colé doblada al distrito de Andalucía. Aun así hasta días después dudaba de que funcionara así que entre esa preocupación y el accidente con el coche, acabe la jornada hundido. Todo esto sin mencionar la desastrosa situación familiar que es imposible. Aun así, aceptaron la solicitud, cosa que me alivió lo suficiente como para poder lidiar con lo que se avecinaba.

Una rotunda negación por parte de mi vieja para estudiar donde me había propuesto le daba la vuelta a la tortilla, otra vez. Y en medio de todo este caos académico y personal ( si lo contara todo, esto se alargaría demasiado) ha vuelto a aparecer en mi vida una persona que desapareció de ella hace mucho tiempo. Tras prácticamente haber superado su marcha, ahora vuelven temas que he tardado meses en sepultar. Aun así, tengo curiosidad de ver como sigue este asunto, pues empiezan a clarear lagunas importantes y quizás, todo esto incluso me tranquilice.

Para acabar, y como colofón final, mientras mantenía una importante conversación con la fémina que acabo de mencionar, recibí los resultados de las solicitudes de plazas. Ansioso, entré a la página web esperando encontrar la admisión en el doble grado que esperaba, pero no he encontrado más que basura. Y según me estoy enterando, con todo el mundo está siendo así. No hay plazas, o es que hay demasiados estudiantes, no sé. Lo que no entiendo es la moda borreguil de ahora de estudiar y ser universitario.

Así que nada, en mi mano ya no quedan cartas que jugar, todo esta sobre la mesa y de momento, parece que he hecho un all-in con una mano de mierda. Cosas del póker.

miércoles, 29 de junio de 2011

Acierta mal y pensarás.

Cuando teníamos cinco años nos preguntaron qué queríamos ser de mayores. Contestamos vaqueros, astronautas, o en mi caso, Batman. Cuando teníamos diez años nos lo volvieron a preguntar. Contestamos futbolistas, bomberos, arqueólogos, o en mi caso, estrella del rock.

Pero ahora quieren una respuesta seria. A ver que os parece esta: ¿quién coño lo sabe?

No es momento de tomar decisiones rápidas, es momento de cometer errores, de subirse al tren equivocado y extraviarse, de enamorarse, de llorar y reír a la vez, de ahogarse en un vaso de agua y de disfrutar de los pequeños detalles. De licenciarse en Filosofía porque es imposible hacer carrera en ella. De cambiar de idea y de volver a cambiar porque no hay nada permanente. Así que cometed todos los errores que podáis, y algún día, cuando nos pregunten de nuevo qué queremos ser, no tendremos que adivinarlo. Lo sabremos.

Gandhi dijo que todo lo que hagas en la vida será insignificante, pero es muy importante que lo hagas, porque nadie más lo hará. Tal vez, nos equivoquemos más veces de las que acertemos. Pero con el tiempo, descubriremos que todos y cada uno de nuestros fallos nos han llevado hacia esa persona, hacia ese momento, hacia esa situación especial.

Últimamente alguien está tratando de que me cree recuerdos para siempre. Estoy trabajando en la parte del para siempre.

Neil.

lunes, 23 de mayo de 2011

Eterna pesadilla.

Es increíble lo de este país. La gente que reside en él realmente se está esforzando en que me avergüence profundamente de todas mis raíces. Es como, si de repente, se hubieran empeñado en dejarse llevar.

Caracterizados, como lleva ocurriendo desde hace algún tiempo, por la falta de información, por la nula capacidad de convicción y por un exceso de soberbia, dirigen nuestras vidas al final más trágico de los que se pueda merecer una nación.

Prisioneros de alma que buscan asilo en la esperanza de palabras vacías. Ya no existen los ideales, ni siquiera las promesas; ahora sólo hay rivalidad y deseos de poder. Da igual quién gobierne, da igual quiénes les voten. El fin es el mismo: lucrarse.

Silencio. Así es como estamos. Si hace ocho años nos dejábamos la garganta en la calle gritando por la paz. Si hace ocho años, el mayor atentado de todos los tiempos nos erizó el bello lo suficiente como para armarnos de valor y pedir un cambio, ahora volvemos a quiénes nos engañaron buscando la salvación.

Y da igual todo lo demás. Somos incapaces de adrentarnos en el verdadero por qué de las cosas. Buscamos un culpable, el jefecillo de turno, y nos olvidamos de las causas. Y sobre todo, nos olvidamos de que somos los escritores de nuestro futuro, aunque sea mediante un sobre en una urna. Nadie se ha parado a pensar en las consecuencias.

Comienza una nueva era en esta tierra. Ya no somos quiénes fuimos. Nadie sería capaz de imaginar que hace cuarenta años estábamos en una dictadura. Y que fuimos el país que más "evolucionó" cuando salimos de ella. Ni siquiera llegamos a entender el valor que tuvieron las palabras "No pasarán". Y tal vez, muchos no sepan que en nuestro imperio nunca se puso nuestro hermano Sol.

Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. De un pueblo guerrero hemos creado un niño pijo. La sangre de aquellos que lucharon por un futuro mejor forma parte de un cuadro de quinientos euros, que aunque no conozcamos al autor, quedaba bonito en la habitación de la niña.

Y poco a poco, los héroes han caído en el olvido. Sin memoria histórica avanzamos siniestramente hasta el final. Esto acabará explotando. Nos aniquilaremos los unos a los otros, instigados por el ejemplo de nuestros grandes políticos, dioses de la palabra divina, expertos en la magia económica e ilusionistas de nuestras vidas.

¿Despertaremos? Sí, pero en un lugar arruinado, muerto y desterrado por la esperanza.

Y hasta entonces, algunos se refugiarán en Dios y otros en búnkeres de oro con una gaviota sobre fondo azul como bandera.

¿Y el resto?

Seremos silenciados.


Neil.

viernes, 20 de mayo de 2011

Últimos instantes.

El sonido del móvil me despierta a las tantas de la noche. Busco el teléfono. Escondido entre las sombras de mi habitación, bajo una montaña de fotografías, vibra. Pero es tarde. No me da tiempo a cogerlo. Miro quién era. Un nombre. Y con él, miles de sensaciones.

Observo fijamente la pantalla. Una mueca. Me muerdo el labio inferior y miro por la ventana. La ciudad duerme. Pero mis pensamientos no. Un movimiento fugaz a la pantalla del móvil y el deseo de que vuelva a llamar.

Sin sueño, salgo a la terraza a fumarme un cigarrillo. Miro al cielo estrellado. Una noche perfecta me cubre con su manto de gala.

La ciudad duerme. Todo está tranquilo. El silencio es siniestro. Y desde lo más profundo de mi alma reúno la fuerza suficiente para no seguir mirando. Abatido me dejo caer sobre la cama de nuevo.

Y un único pensamiento en forma de flecha acelera mi ritmo cardiaco.

Me altero lo suficiente como para empezar a sudar. Y a gritar, necesitaba gritar. Me pongo lo primero que encuentro refunfuñando. Me acerco al armario. El el útlimo cajón, al fondo, mi mano coge algo. Un tacto tan familiar y a la vez tan olvidado que me estremezco.

Durante dos segundos eterno la mantego en el aire, observándola con respeto. "Por ellos".

La majestuosa máscara vuelve a tapar mi rostro. Miles de sensaciones erizan el bello de mi piel. El puño cerrado, clavando las uñas en la palma de mi mano. Es rabia, es impotencia pero también añoranza.

Cierro la puerta de casa de un portazo al tiempo que abro la del portal.

Y ante mí: un mundo.

La misma sensación de grandeza. Las mismas ganas de destrucción.

Una última mirada al cielo. Ellos, estén donde estén de este jodido mundo, siguen conmigo.

Pero, a la vez, solo.

WeekendWars se enfrenta a la crisis más brutal jamás concebida por el grupo. Sin querer, el tiempo nos ha arrastrado a las puertas de nuestro destino. Evitarlo es imposible. Gobierna un temor generalizado. Negar la realidad no va con nosotros. Sabemos que existen dificultades, y que, a día de hoy, todo parece indicar que el fin esté cerca.

Cada rincón es especial. Porque sabemos que, tal vez, sea la última vez que disfrutemos de él. Y puede que, esta historia esté llegando al fin de sus días. Y que, tras dos grandísimos años, el ciclo de la vida nos separe. Estaremos juntos sí, pero sólo en alma.

Y sin embargo, un atisbo de luz ilumina nuestro futuro. Estamos ante la gran batalla. Y si algo nos caracteriza, es que juntos, y cómo habréis comprobado durante tantos posts, somos invencibles. INVENCIBLES.

Lucharemos de la única forma que sabemos: destruyendo y aniquilando cualquier resquicio de complicación. Y tal vez, algún día, lea este post y sonría acompañado de Señor T, Erre y Jota. Lo conseguimos.

Neil

Bifurcación

Hola, soy el Señor T. Al fin he decidido visitar de nuevo el blog y parece que hace muchísimo tiempo que no venimos por aquí, pues solo viendo la última entrada me doy cuenta del camino que hemos recorrido desde entonces.

Un sinfín de acontecimientos increíbles e inverosímiles que hemos vivido, tanto juntos como por separado, los miembros de WeekendWars. Malentendidos y no tan mal entendidos asuntos con la policía, violencia de género con su persecución y actuación de escoltas correspondiente, incendios "accidentales"... Pero no es hora de contar todo eso.

Hoy el mundo se ha detenido durante unos minutos, mientras leía una noticia en un periódico, la cual me ha conmocionado y alegrado a partes iguales. En ella, una visión de futuro, un futuro prometedor... pero sin mis compañeros.

Tras la durísima cuesta por la que estamos pasando tres de los miembros del Tridente, nos espera una decisión que nos marcará, al menos, durante el próximo año. Y esa decisión se me ha presentado a mi hoy en forma de tinta impresa sobre un grisáceo papel reciclado. Los actos irresponsables e inmaduros que he seguido estos dos últimos años, ahora me van a pasar factura, abriendo una bifurcación en el camino de WeekendWars como quien abre en canal a un cerdo para sacarle las entrañas.

Todo apunta a que, sin mis compañeros, tendré que tomar la alternativa y desviarme de nuestro Camino durante una larga temporada para poder completar mis objetivos personales, académicos y sobretodo, de futuro. Exactamente, y haciendo referencia a otro post anterior, viajaré a 700km de la capital donde, este año venidero, íbamos a instalarnos.

Y el viaje no se antoja fácil. Nuevo territorio, nuevas costumbres, y un camino pedregoso difícil de recorrer...en soledad. Siendo positivo, soy capaz de ver la experiencia que significará para mi, como la total independencia, un desarrollo personal que crecerá exponencialmente y otras cosas que seguro iré descubriendo...pero en lo más profundo de mi ser me aterra tener que hacerlo solo.

Sin la brillante palabrería de Neil, la característica sonrisa de Jota que siempre te contagia, e incluso sin el absoluto pasotismo pero profundísima amistad de Erre, cada día será peor que el anterior. Tener que despedirme de mis allegados, de mis hermanos, de una parte de mi, se me antoja una tarea imposible. Pero sacrificar un posible futuro brillante, para poder estar con ellos sería otra conducta irresponsable e inmadura, comparable a la que me ha llevado a esta situación.

Así pues, no me queda otra que afrontarlo, con toda mi prepotencia y la de mis compañeros por delante, y pasar cuanto antes el duro tramo que se avecina.

lunes, 7 de marzo de 2011

Decadencia.

Últimamente me falta motivación. No veo objetivos ni retos en mi vida. Y los hay. Pero asumo con indiferencia cada situación de lo que me pasa en estos últimos tiempos. Y sé que no tengo queja porque no estoy capacitado de ninguna tara física/psicológica/material para llevar a cabo cualquier actividad.

Simple y llanamente, no tengo ganas.

Es como si tuviera la sensación de que no sirve de nada. Haga lo que haga, ¿para qué?. El mundo se va a la mierda y parece que yo he decidido aceptarlo.

Y ya no hablo de mi vida académica, sino de todo en general.

Sé que a todos nos pasa esto de vez en cuando. La ambición es importante. Luchar por algo. Pero hasta que encontramos algo por lo que luchar nos pasamos la mayor parte del tiempo tomando a otros como enemigos, y en el peor de los casos, odiándonos a nosotros mismos.

Y si esto no cambia las consecuencias pueden llegar a ser destructivas. Pero, joder. Demasiados cambios. Hace meses sólo me preocupaba de que fueran las 18:00h para hablar con ella.

No creo que la ruptura de una relación sea motivo suficiente como para venirse uno abajo. Pero condiciona, cuanto menos.

Y para ir a mi lugar de estudio bastaba con andar 10 minutos. Y ahora... necesito 2h para ir y 2h para volver. La sensación de que todo fue mal desde el principio, la decepción de comprobar que la amistad no es más que la conveniencia maquillada con colorines.

Acabaría esta actualización con unas palabras épicas aregando al valor y prometiéndome ganar y llegar al éxito. Pero por un día, y sin que sirva de precedente, me voy a dejar de tonterías.

N.

domingo, 6 de marzo de 2011

Here comes again

Hola, soy el Señor T. Hasta ahora, me había abstenido de salir, digamos de "fiesta", por la zona de locales y demás garitos en la playa. Sinceramente, la moda borreguil de beber para emborracharse y después ir a discotecas y encontrarte al típico cuerpoescombro dando patadas al aire, decenas de chicas facilonas que no quieren reconocerlo y demás escoria, no era algo que me atrajese lo más mínimo. De hecho, lo aborrecía. Pero, me obligué a salir un par de "findes" y he descubierto ciertos aspectos de esa vida nocturna, bastante interesantes. Casi todo aparece fielmente retratado en "Saturday night", ultima entrada de mi compañero.

Cambiando de tema, al fin he conseguido lograr todos mis objetivos en un espacio de tiempo relativamente corto, así pues considero que ya he puesto algo de orden en mi ajetreada vida. Pero, extrañamente, no me ha dado la tranquilidad que yo esperaba. De hecho ha sido casi justo al contrario. El hecho de que ningún problema o quehacer ocupe mi mente en estos momentos, hace que vuelvan a mi cabeza viejos demonios (no tan viejos) a los que di por desaparecidos. Entre ellos las puñeteras pesadillas que no me dejan dormir tranquilamente. Bueno, no son pesadillas en su sentido estricto, sino que es la vuelta a un tiempo, mucho mejor. Y aunque suene lejano, apenas hace 5 meses.

En fin, nada más que añadir, ya prepararé un tema interesante para la próxima entrada.

lunes, 28 de febrero de 2011

Saturday night.

A continuación os voy a contar cómo nosotros, WeekendWars, siempre vamos más allá de nuestras expectativas convirtiendo nuestras fantasías en una realidad absoluta. Y es que, la ficción es cuento comparado con lo que podemos hacer con la realidad.

Os sitúo; llevo un tiempo anclado en la oscuridad de la insatisfacción. Objetivos no cumplidos que vuelven en mi contra en forma de cadenas de metal. Sábado pasado por la tarde, mi esperanza de poder disfrutar de una plácida noche de fiesta con mis hermanos quedaba en el olvido. Todo estaba destinado a que volviera a quedarme abatido en mi humilde morada maldiciéndome por no haber logrado mis metas.

Sin embargo, y aunque no creo que sirva de precedente, las estrellas se alinearon iluminando mi camino. Veloz como el viento en pleno Atlántico, marco los seis números mágicos.

- Dime - pronuncia Señor T desde el otro lado.
- Esta noche, papá vuelve a la acción - susurro cual Stephen Hopkings en Hannibal Lecter.
- OH YEAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!!!!

Pero como me ocurre últimamente, el destino se empeña en darme patadas. Y Erre, así como demás pilares elementales de nuestras risas en noches como esas, iban a faltar. Únicamente saldríamos Señor T, Jota y yo, además de tres fieles compañeros.

Señor T y yo no esperábamos ninguna gran noche. Ni si quiera nada más allá de pasar un par de horas en la intemperie con un cálido aliento a alcohol.

Tras unos minutos de agobio en el transporte público rodeados de almas con cadenas de oro y música latina, llegamos a un parque con intención de comenzar a beber. No diré que pretendía ahogar mis penas en la bebida, porque sería un tópico. Aunque la intención... existía.

Pero la decepción no duraría más de una hora. Una llamada lo cambia todo como ya había comprobado horas más tarde. La compañera de Jota nos invitaba a acercarnos al parque en el que ella se encontraba. Algo sin más relevancia que un simple saludo como protocolo social más.

Pero ya sabéis que en todo pastel que se precie como bueno, existe una guinda. En este caso, existían varias. Nuestra fiel cuñada estaba rodeada de hembras.

Ni dos minutos de reflexión hicieron falta.

Y a partir de aquí pido disculpas si algunos de mis recuerdos quedan invadidos por una inexorable niebla o laguna.

El camino hacia el lugar no lo hicimos nosotros, sino nuestras emociones, nuestra euforia.

Estábamos preparados. Tanto Señor T como yo veíamos la oportunidad perfecta de volver a demostrar quiénes éramos. Y, bajo ningún concepto, íbamos a defraudar.

Y entonces, allí estaban. Un cúmulo de personas que Jota señaló acompañado de un "Joder, cuántos son..."

Ni el número iba a poder conmigo esa noche. ¿Qué pasa, no habéis visto 300?

Me acerqué a la muchedumbre con paso firme y aspecto triunfador dejando a mis espaldas a mis acompañantes. Espalda recta, ligero roce con las yemas de los dedos en el cuello de mi casa para que se pegara a mi piel. Media sonrisa, cual estrella del rock, y guiño salvaje a la primera chica que me observó. Lo notaba, mi presencia les hacía sentirse inferiores, sumisas a mí.

Saludé a la compañera de Jota con poca atención. Mis presas aún vagaban libres por el viejo oeste. "Buenas noches, señorita" Así comenzaba mi conversación con todas. Se iban acercando, una tras otra, mientras que el resto de chicos que se encontraban con ellas me miraban con odio y fiereza. "¿Quién es él?" le preguntaba uno a otro. "No sé, pero me encantaría ser como él" decía su amigo.

Señor T y su intrínseco aspecto de viejo rockero con su chupa de cuero, apoyó la palma de su mano en mi hombro. Era la señal que esperaba, telepáticamente me estaba diciendo: "Qué empiece el juego, nene".

Al parecer, el motivo de tantos mortales juntos se debía a la celebración de un cumpleaños. Y claro, mis hermanos y yo somos personas muy educadas. Debíamos felicitar al cumpleañero. Tras un grito elegante, como es ella, de nuestra presencia femenina de WkW, un joven con aspecto inocente se acercó temeroso a nosotros, cual gacela que huele a un tigre presagiando una muerte rápida y fugaz.

Señor T, con un ligero empujón le introdujo en el pequeño círculo que Jota, nuestros 3 amigos más y yo ya habíamos formado. Claro, le esperábamos.

Le felicitamos. Hasta aquí todo bien, incluso noté en su sonrisa un proyecto de agradecimiento por dejarle vivir.

Iluso.

Me acerqué a él para susurrarle; "¿Cómo verías que nos invadieran los zombies? ¿Te gustaría?" Clavé mis ojos en los suyos y comencé a mover mi cabeza lentamente imitando al movimiento de las olas del mar.

La mirada del chaval cambió. El miedo estaba presente en su cuerpo. Temblaba y sonreía mendigando un perdón divino que le dejara marchar en paz, con su gente.

Señor T no estaba dispuesto a que se fuera sin más. Le agarró de un hombro, yo del otro y a la vez de mis compañeros. Empezamos a saltar obligándo al cumpleañero a saltar también. Gritábamos como hienas sonidos guturales y de ultratumba. Parecíamos enfurecidos y dispuestos a cortar cabezas.

El joven, quería evaporarse. Escapar de aquel lugar trágico para él y no volver en su puta vida a salir a la calle.

Tras descojonarnos y dejarlo marchar comenzamos nuestra rueda de reconocimiento. Todo estaba saliendo demasiado bien, estaba convencido de que no pondrían mucha resistencia en conocernos. Formaban un corrillo a nuestro alrededor para escuchar la increíble vida de Señor T y su visión de las justicia, de cómo arreglar el mundo. Otras, me buscaban para hacerse fotos. Mi imagen llenaría de color sus lúgubres paredes de habitación.

Y así pasaba la velada. Entre alcohol y hormonas femeninas, mi cuerpo era potente. Me sentía imparable. Estaba cachondísimo, para qué engañarnos. La sangre se atrincheraba en mi buque de guerra, preparado para sacar el valioso cañón de la virilidad.

Y entonces, aparecieron ellos.

Los Jinetes del Apocalípsis. Bajo sus vestiduras fúnebres, una luz divina procedente de artefactos futuristas, nos cegaban los ojos.

Y mis chicas comenzaron a correr en busca de un lugar en el que protegerse. Una de ellas, me suplicó que me fuera con ella, que me quería, que sin mí no estaría segura. Pero yo sabía dónde estaba mi lugar: varios metros más atrás, en el campo de batalla.

Me armé de valor para mirar a aquellos vidriosos ojos que me proponían una vida mejor, con una casita en el bosque, un par de hijos, o tal vez, tres y un pequeño huerto del que vivir para siempre.

- Algún día, volveré a verte mi Lady. Ahora, debo hacer lo que un hombre debe que hacer. - dije con semblante serio mientras me despedía de ella con un beso en su pálida frente.

Me giré desafiante. Unos cuantos ya habían cazado a mis amigos.

Un jinete se percató de mi presencia. Con un ligero movimiento de muñeca me invitó a acercarme a él para batirnos en un duelo a muerte.

Me agarró con fuerza, pero no la suficiente. Me esquivé. "Estarías muerto antes de tocarme" le amenacé.

Su ira creció, me embistió con fuerza. Pero conseguía volver a esquivarme. Por un momento, cualquiera que hubiera contemplado la escena creería estar viendo a dos bailarines en una perfecta sintonía.

Al final, la bestía me desarmó tras varios minutos de resistencia. Era mi fin, no dudaría en acabar conmigo. Pero algo les llamó la atención. Una amenaza procedente desde otro lugar de la ciudad hizo que perdieran el interés por nosotros. Se marcharon del lugar sin más.

Los gritos de júbilo invadieron el parque. Habíamos vencido.

Me acerqué corriendo en busca de mis hermanos. Tras comprobar que estaban bien, decidimos buscar a las hembras para informarles de nuestra victoria suprema.

Tambores de victoria guiaron nuestro camino al centro de actividad de la Ciudad.

Luces, pantallas luminosas, y música al más puro estilo Las Vegas. Allí estaban ellas.

Entramos al garito más mediático del lugar. Nuestros ojos se cruzaron. Su lengua se movió sensualmente acariciando su labio superior. Era el deseo de la sirena que ve a su pirata navegar sin temor en la tormenta perfecta.

Nuestras manos se juntaron. Acaricié su rostros. La música era hipnótica, y entre tanto movimiento me estaba mareando. Pero a pesar de todo, sabía que era el momento. Estaba cerca de sus amigas. así que no me lo podía pensar más.

Y con el comienzo de una nueva canción mi cuerpo explotó. Comencé a bailar con violencia moviendo mis brazos y piernas a lo bestia. Golpeé a varias personas de mi alrededor, incluso recuerdo escuchar un sonido seco, como cuando impacta una botella en el suelo.

Pero me daba igual. Era el jodido líder de la manada y mi danza sería la gota que colmaría el vaso para conquistar a esa gacela.

Bailaba y bailaba. El sudor caía por mi frente y podía escuchar los látidos de mi corazón.

Entonces, entró una escena otra chica. Que sin conocer a Señor T, éste fue capaz de seducirla hasta conseguir que la chavala perdiera el control de su esfinter. Empezó a rozarse vilmente contra mi compañero. Una hembra más que ardía gracias a nosotros.

Y la noche volaba. Rodeados de tías, Señor T y yo chocábamos nuestros cincos.

Lo que ocurriera a continuación forma parte de nuestra intimidad más íntima.

Poco más recuerdo además de fumarme el piti de la victoria ya en casa, tumbado en mi cama y con una sonrisa inconsciente mirando el techo. Qué gran noche. Qué grandes somos.

WeekendWars.