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miércoles, 26 de enero de 2011

710 km

Hola, soy el Señor T. Vaya vaya, hoy vengo cargadito de noticias. Después de todo este tiempo sin escribir, han pasado muchas cosas interesantes y evidentemente lo mejor lo dejo para el final.

Antes que nada, quería contaros que, al fin, y de forma más lamentable que nunca, todo esta volviendo a la normalidad. Me vuelvo a sentir rodeado de ineptos cuyas vidas no valen más que una mísera patada en el culo. No comprendo cómo puedo estar compartiendo clase con semejante panda de incompetentes. Pero bueno, supongo que siempre ha sido y será igual.

Por otro lado, la policía del lugar ha vuelto a alardear de su falta de intelecto cuando, tras registrarnos las mochilas sin motivo, buscando algún tipo de sustancia estupefaciente, se han dado cuenta que habían perdido las llaves del coche. Qué patético. Aun así, con aires de superioridad, han vuelto donde estábamos nosotros y esta vez si, nos han pedido por favor que abramos las mochilas para ver si habían caído dentro. Allí estaban...nada más que añadir.

También tendría que hablar de mi actual profesora de economía...pero bueno, es el mismo cuento de siempre. Al igual que el año pasado con la de sociología, esta es demasiado orgullosa para reconocer sus errores y le da mil vueltas a todo hasta que lo amolda a su parecer y bla bla bla... todos los años igual.

Para acabar, quiero hablaros de algo importante. Quienes hayan seguido el blog, conocerán la gigantesca sombra que proyectaba el difunto año sobre este 2011. Pues bien, tan deprisa como se alzó, ahora, se desvanece a una velocidad que me hace desconfiar. Y es que el ansiado Sol que está a punto de prender fuego a los escombros de los meses pasados, está alzándose a lo lejos. A 710 kilómetros de distancia para ser exactos. 710 kilómetros que se antojan un simple paseo, un dejarme llevar por la corriente que me arrastrará sin pausa. Quizás dos meses, quizás siete, no lo sé. Pero ahí está. Lo difícil es visualizar la meta, y ahora tan solo tengo que no perderla de vista y continuar impasible, se me plante delante el gilipollas de turno que se me plante.

martes, 25 de enero de 2011

De todo un poco.

Me resulta gratificante, e incluso excitante, el odio que puedo llegar a despertar en ciertas personas. Cada día entiendo menos la realidad. Y cada día me sorprendo más. Es una forma extraña de captar mi atención. Y cuando la tenéis, ¿qué?. En serio, alguna mente privilegiada es capaz de creer que todas mis acciones nacen de forma arbitraria. Qué lástima demostrarles que se equivocan, porque ese tipo de gente no suele aceptar que le lleven la contraria. Tienen por ley ser líder de su manada. Pero ya sabéis eso del tuerto y los ciegos.

No es problema... pero me arrepiento. Arrepentirse es humano, ¿vale? Aunque arrepentirse por haberte equivocado dos veces de la misma forma... sí, es frustrante cuanto menos. ¿Qué queréis? Soy un romántico, qué le voy a hacer... Como consejo me diría, "grandullón, no te enamores de la persona equivocada nunca más". Pero ambos sabemos, tú que me lees y yo que te escribo, que volveremos a caer. Y aquél, y el otro... Así que la razón y la premeditación de nada sirve.

¿Sigues ahí? Nada, ni caso.

Bueno pues cambiando de tema, ni una palabra más dedicada a personas que ahora tienen una vida mejor, coño.

Esta mañana iba en el tren y os juro que lo que me ha ocurrido me ha dejado rotísimo. Os pongo en situación. Mediodía, viaje de 1 hora y cerca de 9 paradas de por medio. Estaba yo en el último vagón escuchando música con los auriculares cuando de repente una señora de unos aparente setenta años se ha puesto a llorar. Así, sin más. El alboroto que se ha formado ha sido suficiente como para despertarme de mis pensamientos fusionados en un paisaje lluvioso. Cuando he mirado al lugar del crimen, me encuentro con una señora que estaba en el suelo llorando desconsoladamente. La gente, que de por sí ya es extremista, le ha rodeado expectante. Hasta una persona se ha ofrecido a hacerle el boca a boca. Y ya está. Como si el boca a boca fuera la solución a cualquier lloriqueo.

Bueno el caso es que la señora lloraba porque al parecer alguien no quería que ella estuviera sentada y había sido empujada contra el suelo violentamente. Los espectadores, ante la explicación, han empezado a mirarse los unos a los otros con cara de preocupación. No había nadie cerca del sillón de la señora, ni nadie le había empujado.

No obstante, lo que me ha destrozado psicológicamente es que el grupo de personas que contemplaban la escena, en vez de calmar a la mujer y de decirle que no pasaba nada y que todo podría haber sido una mala jugada de su anciana mente, han comenzado a murmurar. Y a asustarse. Un par de personas han salido pitando hacia el vagón siguiente. Otras tantas, intranquilas, miraban a su alrededor con caras de verdadero pánico buscando a algún tipo de espíritu maligno que fuera a acabar con todos ellos. Los más conspirativos miraban al cielo buscando una respuesta en forma de lluvia de meteoritos. Y entre unas cosas y otras, la señora en el suelo intentando levantarse. Yo la he ayudado y he hecho todo aquello que el resto de personas, más preocupadas por salvar su vida, han pasado de hacer.

En fin...
buenas noches, y
buenas suerte

Neil

domingo, 16 de enero de 2011

Hostión.

Estoy a punto de cerrar los 4 meses más desatrosos de mi vida. Joder, ¿alguna vez habéis tenido la sensación de que por mucho que hagas todo va a seguir igual de mal? No sé por qué, pero menudo fracaso se me avecina... Puede que esté justificado, pero en mi opinión, es demasiado castigo. Es como si todo lo que hubiera hecho no hubiera servido de nada. O muy malo soy, o algo falla.

Evidentemente la culpa no es más que mía. No sirve de nada decir que ha sido por culpa de aquellos, de ése o de ella. Pero aún así, joder...

Es un sentimiento extraño. Tengo impotencia, me da rabia, algo confundido... no sé. Flipo.

En serio, estoy flipando.

Espero que sea bueno darme tal hostia. De éstas que duelen, y mucho. A decir verdad, reconozco que me encantan cuando las cosas van realmente mal. Te olvidas un poco del éxtasis de los tiempos de bonanza para que la humildad te llegue en forma de bofetada. Pero, coño, peco de humilde constantemente. ¿Aún más?

Vamos, que el principio de mi nueva vida universitaria ha sido una puta mierda. Literalmente. Me han dado palos por todas partes. No tiro la toalla, soy realista con lo que hay y lo que viene.

Ahora mismo no tengo ganas de nada. Creo que no sirvo para ésto. Aunque tampoco creo que sirva para mucho más.

Vaya tela, ayer no me dormí hasta las 4 de la madrugada. Y teniendo en cuenta que estaba en la cama desde las 12 de medianoche... Cuatro horas dándole vueltas a la cabeza. Mismo tema.

¿Y ahora qué? Pues a saber... me consuela saber que todo continúa dependiendo de mí. Pero no le veo mucho futuro a ésto.

Una de dos, o me levanto de la hostia o me quedo en el suelo durante 4 meses más.

En fin, supongo que es una época extraña de mi vida.

Neil.

jueves, 6 de enero de 2011

DIA 493

Hola, soy el Señor T.

Llevamos ya seis días paseando por las desconocidas calles del 2011, y de momento no ha cambiado nada. El recuerdo del difunto año se alza en mis pensamientos como si del Empire State se tratara, proyectando una sombra inmensa sobre todo. Una sombra densa y putrefacta que infecta la infinita telaraña de avenidas y ramblas que tengo por delante. A todo eso, he de añadir la fatídica "cuesta" de enero, pues ya es hora de escalar las paredes del profundo foso donde caí hace aproximadamente dos meses. La inclunación se aligera con el tiempo, pero el cansancio previo, la hace igual de costosa. Aún no alcanzo a ver un pequeño atisbo de la claridad del día. Tan sólo he de esperar a que el astro rey ascienda y se coloque, como cualquier otra jornada a mediodía, en lo más alto del firmamento e ilumine la nueva y blanca superficie de la máscara que oculta mi rostro, más magullado que nunca.

A la luz de una farola rota me aguardan, con sus identidades bajo un impecable anonimato, mis compañeros, el tridente. Un WeekendWars más implacable, calculador y frío que nunca, fruto de las "delicias" de los macabros meses pasados. Y cuando les alcance, no cabe duda de que el mundo, tal y como nosotros lo conocemos cambiará. Los acontecimientos se mecerán al son del vaivén de nuestras extrañas mentes. No esperaremos a que los hechos transcurran arrastrados por el etéreo Tiempo. Anticiparnos, adaptarlo todo a nosotros, es la prioridad y como los titiriteros, moveremos los hilos del transcurrir a voluntad, para que nunca, absolutamente nunca, se repita lo sucedido.

martes, 4 de enero de 2011

Returns to the darkness.

Bajo el manto de estrellas busco la luz. Camino, sin condición, a mi único destino. La oscuridad de las tinieblas me envuelve. Y los viejos fantasmas reaparecen. Es la ley del más fuerte. La sensación de que esto no acabará es irrevocable. No hay más. Ni nada, ni nadie. Sólo yo. Y un camino.

Un cigarro que me consume y unos pies que me llevan. A tierras de nadie. Dónde todos son, y nadie es. Y una mochila. Fiel compañera, leal amiga. Luchar no es una opción, es la alternativa. Miles de recuerdos. Noches de viento. Y lluvia. Mucha lluvia. Suficiente para saciar el dolor. Suficiente para apaciguar la ira e impotencia.

Marcas de guerra. En forma de arañazos y de edemas. Sobredosis de pena. Búsqueda incansable de la salida con el mismo final: la amenaza.

Presiento que las cosas son como son porque nadie dicta como deberían ser.

Solo.

Como el sonido de una guitarra en una vieja canción de rock.

Solo.

Como la luz de un faro en la tormenta perfecta.

Hay cosas que no cambian. Por muy 2011 que sea. Por mucho año nuevo, vida nueva.

Sin querer, he vuelto. Al mismo camino. La misma tierra maldita. La misma angustia. El mismo miedo al fracaso. La misma sensación de no retorno.

Es el principio del fin para alguien que jamás miró a quien tuvo que mirar a los ojos y le dijo: antes de que tú muevas, ya estarás en jaque mate.

Es el fin de muchos meses en la sombra.

Un armario.

Una cajón.

Recuerdos, sensaciones. MIEDOS.

Noches en vela se acercan. Hacerme a la idea es un triste consuelo.

Lo de siempre. Me voy a la playa. Busco la tranquilidad del mar. El sonido de las olas me calma. Pero un murmullo vuela con la brisa: "Seguimos ahí fuera, esperándote..."

En el camino me hallo. Como un túnel sin salida bajo tierra.

Sin saber cuando saldré. Sin saber cómo ni por qué.

Neil.

sábado, 1 de enero de 2011

WkW'11

La intensa niebla inunda la ciudad. Es tarde. Demasiado tarde como para que cualquier persona esté en la calle sin ninguna razón. La sensación de ira me acelera. No desvío la mirada bajo ningún concepto. Demasiada concentración como para entretenerme.

Huyo.

Huyo de la gente, de la situación, del agobio, del desespero, de la frustración, de los errores y lamentos, de las decepciones y del tiempo.

No quiero saber nada. Dejo atrás calles con la misma compasión que mostraría ante mi más temido enemigo.

No veo con facilidad. La iluminación no es suficiente en esta noche de tinieblas. Maldito invierno. Jodida noche.

Pero cualquier sitio mejor que en casa. Y más en una velada como ésta.

Quiero alejarme de todo aquello que me hace pensar en este año. En este jodido 2010. He perdido más que he ganado. Y lo que he ganado ha sido con esfuerzo. Sin embargo, perder, lo he perdido todo sin querer. Caprichoso destino.

Bajo ningún concepto quiero mirar atrás.

Poco a poco voy llegando. Me llevo la mano al bolsillo y saco un cigarrillo. "El primero del año".

La primera calada me teletransporta. Me invade por un momento una calma marinera impagable.

A lo lejos lo visualizo. Sonrío malévolamente. Y vuelvo a calar.

Mis pasos ganan en fuerza y firmeza. La brisa de la noche muere contra mi cara, cálida, a pesar del frío. No puedo evitar mantener el puño cerrado. No puedo evitar escabullirme de los pensamientos que drogan mi mente a base de sobredosis de fracasos. Fracasos que me hielan el alma.

Miro al cielo desafiante. No sé contra quien lucho, pero este año he sido derrotado, sin duda.

Observo el suelo. Una flecha y la palabra "Banco". Levanto la mirada y en él hay tres siluetas.

Desenfundo la máscara. Brillante, con olor a nuevo, más grande, elegante y sobre todo; temible. Con cuidado escondo mis ojos tras su majestuoso rostro.

Ellos también las tienen puestas. Qué prepotente perfección...

Por primera vez sentí algo muy distinto de lo que estaba acostumbrado a sentir cuando veía a Señor T, Erre y Jota. Con poses amenazantes, ocultos bajo las sombras. Una mezcla de oscuridad y seriedad me invadió. Por primera vez sentí responsabilidad. Y madurez. Algo había cambiado de repente.

Presentábamos un aspecto sepulcral. Las huellas del 2010 habían hecho mella en nostros. Intuía diversión, pero a diferencia del resto de veces, no la encontraba. Igual que a esa atmósfera de la que os he hablado a menudo. Ni rastro de aquellos elementos que nos caracterizaban.

Sin mediar palabra se levantaron. Me saludaron con un fúnebre abrazo y se pusieron en marcha.

En fila, los cuatro nos dirijimos de nuevo a la niebla de la ciudad. Yo, el último, presencié como mis hermanos se encapuchaban. Por un momento creí que el tiempo se había parado. Caminábamos lentamente hacia adelante, en silencio. Dispuestos a vengarnos. De todo, de todos.

WeekendWars 2011.