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Neil (107) Señor T (60) WeekendWars (37)

lunes, 29 de noviembre de 2010

Esta es y será tu vida.

Naces, creces y en el colegio o en el instituto te hacen unas cuantas putadas que no olvidarás en toda tu perra vida. Luego empiezas a tratar de definirte como persona, a tratar de ser la hostia pero con el tiempo ves que sólo eres tú mismo y no dejas de decepcionarte y descubrir nuevas limitaciones.

Un día te miras al espejo y ya eres adulto, has dejado de ser un chico prometedor para convertirte en alguien normal y ordinario, como ya no has destacado jamás destacarás, ya no eres especial.

Consigues un trabajo de mierda con sueldo de mileurista, tu familia te felicita como si fuera un milagro, te dices a ti mismo que es solo temporal y pasan los años. Una mañana te das cuenta de que esta es tu vida y de que el resto tampoco va a ser nada especial.

Te coges unos días libres, viajas un poco, ves destinos turísticos llenos de japoneses y anglosajones colorados con ropa de aventurero. Solo te sirve para darte cuenta de la vida que no puedes permitirte y regresas al trabajo, a mantener la productividad alta y poder pagar el nivel de vida mínimamente soportable que llevas.

Una mujer, ni guapa ni fea, igual de desesperada que tú, se te arrima con desgana dispuesta a concebir a tus hijos, de vez en cuando tiene un inmenso y desproporcionado rebote con alguna chorrada y concluyes que está tremendamente frustrada. No te abandonará jamás porque ya pasa de los 35 y no puede aspirar a nada mejor.
Siempre te compara con algún novio que tuvo y te hace ver que nunca fuiste su primera opción, con el tiempo su voz es como el zumbido del aire acondicionado para tí.

Una tarde, al salir del mismo trabajo aburrido y mal pagado en el que llevas atrapado media vida sientes un fuerte dolor en el brazo. Despiertas en el hospital y allí están tu mujer y dos decepcionantes hijos: una es un zorrón que come pollas a cambio de coca los sábados, el otro es un anormal obeso que dice que quiere tomarse un año sabático y dejar de estudiar. Todos lloran realmente preocupados pensando que palmabas.
El médico te dice que solo ha sido un susto, que no es nada serio, que hagas ejercicio y comas bien. Pero aún así todas las navidades rememoras el asunto en plena cena y la parienta llora.

Llegas a una edad avanzada, notas que el mundo ya te ha dejado atrás. La tecnología te supera, la gente es rara, las noticias te escandalizan y salir fuera te asusta. Miras por la ventana durante horas y te das cuenta de la puta verdad: Lo mas emocionante que te ha pasado en la vida ha sido ir al estreno de “El señor de los Anillos” o acabarte el “Shadow of the Colossus” en la Play.

Nunca has hecho nada excepcional, nunca has sido un héroe para nadie, tus palabras u opiniones nunca han sido escuchadas, tu existencia en este mundo ha pasado completamente inadvertida salvo por la contaminante huella de carbono fruto de tu existencia consumista.

Esta será tu vida a grandes rasgos, o la tuya, o la tuya, da igual quién lea esto. Es una verdad inapelable, matemática. Tratarás de huir de esto viviendo experiencias límite, tomando drogas, desmadrando con el coche, pero nada te apartará de este camino que ya está trazado.

Desmentidlo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

DIA 454

Hola, soy el Señor T. Después de dos largos meses sin que el el mundo mereciera mi retorno a nuestros artículos virtuales, me he visto obligado a volver a plasmar cada uno de mis siniestros pensamientos. Y es que a partir del final del verano mis expectativas eran de unos nueve meses de tranquilidad y paz interior, justo lo contrario de lo que realmente existe en mi vida. Apenas han transcurrido tres meses desde entonces, pero me está pareciendo una eternidad. La demagogia, desconfianza o la simple duda ante todo, son hechos que no hacen mas que atormentarme cada día. Veo como todos los cimientos de mi carácter y forma de ser empiezan a desmoronarse cada vez mas rápido, después de haber cometido errores(sabiendo en qué me metía) cuyas consecuencias creía surrealistas, y que ahora están haciendo acto de presencia en todo su esplendor. Pero lo que realmente puede conmigo es mi incapacidad de controlar esta situación. Lo único que puedo hacer es desviar un poco el trayecto, cual árbol que con sus ramas corta el viento para que después siga su curso como si nada se hubiera interpuesto en su camino. Pero al final, parece que las cosas no van a tener remedio, y no habrá más opción que reconstruirlo todo.
Ciertamente, hay cosas que sí animo a que caigan, aspectos en mi vida relacionados con ineptos, los cuales no hacen más que emponzoñarme la mente, pero otros de los cuales no quiero separarme ya que son la base de mi tranquilidad y capacidad de mantener la compostura ante viento y marea, tal como WeekendWars entre otros, que se sentirán aludidos al leer esto. Y por ellos voy a darlo todo, absolutamente todo, aunque me deje la piel y la mente en ello. Pues hay cosas que, por mantenerlas, vale la pena perderlo todo.

lunes, 15 de noviembre de 2010

El que quiera entender que entienda.

El olor a café, las primeras pinceladas de luz de la mañana y la sensación de vacío en la cama consiguen que me despierte.

Te escucho tararear al fondo del pasillo. Sonrío inconscientemente. Supongo que es una buena manera de empezar el día.

Me deseas los buenos días junto con un cálido beso. Me recuerdas, al tiempo, que no debo perder ni un segundo en arreglarme para la ocasión. Entre carcajadas bromeas con mi barba de tres días y me piropeas diciendo que estoy mejor sin ella.

Tú mientras tanto continúas tarareando y cocinando el desayuno.

El agua caliente me relaja más de lo habitual. Estaba nervioso. No siempre es fácil tomar una decisión de ese calibre, y menos aún resulta comunicársela a tus seres más queridos.

A pesar de la cantidad de tonterías que se dicen al respecto. A pesar de la cantidad de tópicos y de falso apoyo incondicional que unos cuantos intentan reflejar por las televisiones privadas, la verdad es que todo sigue igual que hace treinta años. Que le pase a los demás es indiferente. Que te afecte a ti directamente, es un palo. Y de los gordos.

Salgo de la ducha pensativo. Me siento en la cama, aparentemente cansado. No había dormido bien aquella noche.

Tu voz entrando por la habitación me anima. Llevas algo entre las manos. Es una corbata nueva. Dices que me la compraste adrede para el momento. Es bonita, la verdad. Sin mediar palabra, te doy un abrazo. Más que un gesto cariñoso es una súplica de apoyo. Ambos estamos como flanes.

Sabes que todo irá bien, intentas tranquilizarme. No me salen las palabras para agredecerte tu optimismo.

Observo fijamente el espejo mientras me abrocho la camisa.

Siempre he pensado que pasar de la opinión de los demás es una postura difícil. También por eso he pensado siempre que era imposible. Y aquel era un claro ejemplo. La opinión del resto no nos iba a dar igual. Nos iba a afectar mucho.

En el coche nos invade el silencio. El trayecto se hace pesado. Pero al final llegamos.

La voz de mi madre por el telefonillo me recuerda a la cantidad de veces que de crío estuve esperando a que ella me abriera en ese portal.

En el ascensor me atraes hacia ti. Me besas y me abrazas. Me dices que pase lo que pase, siempre estarás conmigo.


En honor a B.P.