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martes, 25 de enero de 2011

De todo un poco.

Me resulta gratificante, e incluso excitante, el odio que puedo llegar a despertar en ciertas personas. Cada día entiendo menos la realidad. Y cada día me sorprendo más. Es una forma extraña de captar mi atención. Y cuando la tenéis, ¿qué?. En serio, alguna mente privilegiada es capaz de creer que todas mis acciones nacen de forma arbitraria. Qué lástima demostrarles que se equivocan, porque ese tipo de gente no suele aceptar que le lleven la contraria. Tienen por ley ser líder de su manada. Pero ya sabéis eso del tuerto y los ciegos.

No es problema... pero me arrepiento. Arrepentirse es humano, ¿vale? Aunque arrepentirse por haberte equivocado dos veces de la misma forma... sí, es frustrante cuanto menos. ¿Qué queréis? Soy un romántico, qué le voy a hacer... Como consejo me diría, "grandullón, no te enamores de la persona equivocada nunca más". Pero ambos sabemos, tú que me lees y yo que te escribo, que volveremos a caer. Y aquél, y el otro... Así que la razón y la premeditación de nada sirve.

¿Sigues ahí? Nada, ni caso.

Bueno pues cambiando de tema, ni una palabra más dedicada a personas que ahora tienen una vida mejor, coño.

Esta mañana iba en el tren y os juro que lo que me ha ocurrido me ha dejado rotísimo. Os pongo en situación. Mediodía, viaje de 1 hora y cerca de 9 paradas de por medio. Estaba yo en el último vagón escuchando música con los auriculares cuando de repente una señora de unos aparente setenta años se ha puesto a llorar. Así, sin más. El alboroto que se ha formado ha sido suficiente como para despertarme de mis pensamientos fusionados en un paisaje lluvioso. Cuando he mirado al lugar del crimen, me encuentro con una señora que estaba en el suelo llorando desconsoladamente. La gente, que de por sí ya es extremista, le ha rodeado expectante. Hasta una persona se ha ofrecido a hacerle el boca a boca. Y ya está. Como si el boca a boca fuera la solución a cualquier lloriqueo.

Bueno el caso es que la señora lloraba porque al parecer alguien no quería que ella estuviera sentada y había sido empujada contra el suelo violentamente. Los espectadores, ante la explicación, han empezado a mirarse los unos a los otros con cara de preocupación. No había nadie cerca del sillón de la señora, ni nadie le había empujado.

No obstante, lo que me ha destrozado psicológicamente es que el grupo de personas que contemplaban la escena, en vez de calmar a la mujer y de decirle que no pasaba nada y que todo podría haber sido una mala jugada de su anciana mente, han comenzado a murmurar. Y a asustarse. Un par de personas han salido pitando hacia el vagón siguiente. Otras tantas, intranquilas, miraban a su alrededor con caras de verdadero pánico buscando a algún tipo de espíritu maligno que fuera a acabar con todos ellos. Los más conspirativos miraban al cielo buscando una respuesta en forma de lluvia de meteoritos. Y entre unas cosas y otras, la señora en el suelo intentando levantarse. Yo la he ayudado y he hecho todo aquello que el resto de personas, más preocupadas por salvar su vida, han pasado de hacer.

En fin...
buenas noches, y
buenas suerte

Neil

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