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miércoles, 19 de octubre de 2011

Debería decirte la verdad.


¿Sabes? Creo que debería ser sincero contigo y decirte la verdad: tengo muchísimos defectos.

Mira, para empezar, me pongo bastante nervioso cuando tengo que hablar en público, y la mayoría de veces se me escapa algún chiste de esos que te prometes no decir nunca en voz alta. Tampoco se me da muy bien escuchar. Me falta paciencia para estar concentrado en algo y resulto bastante caprichoso cuando no consigo lo que quiero.

Soy muy maniático. Y puede que un pelín supersticioso. Además suelo ser de esos que se ahogan en un vaso de agua haciendo una tormenta de una simple gota de lluvia.

Y siempre digo que dejaré de fumar mientras me enciendo un cigarro más. Y tengo la costumbre de levantarme pronto los domingos con la idea de cambiar todo lo que odio de mí para acabar a las doce de la noche diciéndome a mí mismo que he echado a perder otro domingo más. Sí, soy el típico tío que se sabe la clasificación de la liga, contra quién juega mi equipo esta semana, la siguiente... y que se lo pasa genial jugando siempre al mismo videojuego de fútbol.

No te puedo prometer que me acuerde del nombre de todas tus amigas. Y tampoco que me acuerde de qué es lo que hiciste ayer por la tarde. De paso te pido perdón ya por todas las fechas de las que me voy olvidar.

Me cuesta mucho expresar lo que siento. No soy de los que te dicen "te quiero" constantemente. Ni de los que se pasan media hora al teléfono diciendo "cuelga tú". Y para nada soy detallista... no te prometo flores en San Valentín, o un sms cada noche, o un "felicidades por tu aprobado" tras un examen.

Por si fuera poco, nunca pienso lo que digo. Esa será una de las razones por las que puede que te estropee tus mejores días con algún comentario absurdo. Y puede que si estás mal yo no lo note...

Tampoco soy un gran partido. Nunca escribiré un gran libro, seré el protagonista de una película de hollywood o descubriré una cura contra alguna enfermedad. Realmente, no soy bueno en nada; no tengo oído para tocar algún instrumento, me falta la coordinación suficiente como para practicar hasta el más simple de los deportes y siempre apruebo con un cinco raspado.

Vamos, que no soy nada especial. Ni un príncipe, ni un caballero de cuentos. Nada de nada.

Pero... ¿sabes una cosa más? Hay algo en lo que sé con total seguridad que seré el mejor: en quererte como nadie lo hará jamás. Suena descabellado, ya lo sé... pero si te atreves a soportarme, a mí, el chico más insoportable de los que te vayas a encontrar, te prometo que no te fallaré.

Neil.




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