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Neil (107) Señor T (60) WeekendWars (37)

miércoles, 13 de julio de 2011

Una historia más.

Un día pasa que estás de pie en algún lado y te das cuenta de que no quieres ser ninguno de los que están a tu alrededor. No quieres ser ese puto pringado que por caer bien a todo el mundo se calla lo que piensa. Ni ese trajeado que pone una media sonrisa aparentando que todo está bien cuando realmente está harto de su vida. Te das cuenta de que no quieres ser ese infeliz que camina escuchando música con su iPod pensando que algún día será quién siempre ha soñado. Ni siquiera quieres ser tu padre, o tu hermano. No quieres ser nadie de tu familia. Ni siquiera quieres ser tú.

Sólo quieres salir corriendo. Salir a toda hostia del sitio en el que estás.

Y de repente ocurre. Algo se acciona. Y en ese momento sabes que las cosas van a cambiar. Ya han cambiado. Y que a partir de ahí, ya no volverán a ser lo mismo. Y cuando ocurre, lo sabes.

Todo se detiene, alguien llega y te dice que aflojes. Que bajes el ritmo, disminuyas la velocidad. Y comienzas a apreciar las pequeñas cosas, los pequeños detalles. Te das cuenta de que ese chico de allí iba a tu colegio. Que encima de la estantería hay un viejo cuadro de Elvis, y que la chica de allí enfrente no ha dejado de mirarte desde que has entrado. Pero, sobre todo, empiezas a desear que nada vuelva a acelerarse. Que todo transcurra lentamente. Que no acabe.

Los caminos se bifurcan, cada uno toma una dirección pensando que al final los caminos se volverán a unir. Desde tu camino ves a la otra persona cada vez más pequeña.

No pasa nada, dices, estamos hechos el uno para el otro. Y al final, sólo ocurre una cosa. Llega el puto invierno y no hay vuelta atrás. Lo sientes, y justo entonces intentas recordar en qué momento empezó todo, y descubres que todo empezó antes de lo que pensabas, mucho antes. Y es ahí, justo en ese momento cuando te das cuenta de que las cosas sólo ocurren una vez, y que por mucho que te esfuerces, ya nunca volverás a sentir lo mismo, a tener la misma sensación.

Pasa el tiempo y te arrepientes de no haber aprovechado hasta la última molécula de nitrógeno que envolvía la atmósfera de aquel momento. Y aquel rincón que una vez fue especial, ahora no es más que un puñado de recuerdos oxidados.

Si algo he aprendido hasta ahora, es que no hay que ser realista.

Neil

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