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martes, 19 de julio de 2011

Encargando una máscara más.

Aparentar ser quiénes no somos siempre es difícil. Buscamos aprender del resto de mortales que nos rodean. Sus gestos, sus miradas. Todo es importante para saber como debemos comportarnos. Para intentar pasar desapercibidos.

Mantenemos una vida normal. O eso intentamos.

Tenemos nuestro trabajo, nuestros estudios y algo de relación social. Nadie, a simple vista, podría pensar que nuestra verdadera vida queda ocultada tras una máscara sepulcral.

Nadie de los que nos rodean podrían llegar a creer que somos los que luego causarán el pánico cuando la oscuridad caiga sobre las últimas horas del día. Nadie, en su sano juicio, llegaría a vernos como una amenaza tras nuestra gran capacidad para ser encantadores con todo ser orgánico.

Y, a veces, ocurre.

No todo el mundo puede pertenecer a WeekendWars. Y quiénes lo intentaron, cayeron en el olvido.

Buscamos con fervor nuevos miembros capaces de magnificar nuestro legado más allás de las fronteras que existen para sólo cuatro personas. Pero es muy difícil. Todos son tan imperfectos, tan humanos.

Es fascinante como casi siempre, cuando buscas algo, lo tienes delante. Y no te enteras.

Entonces llega alguien. Interesante. Podría valer, pensamos.

Hago gala de mi don para psicoanalizar todas y cada una de sus microexpresiones, movimientos y actitudes. Es bueno, les digo a mis hermanos.

El interés crece.

El sujeto analizado causa sensación.

Pero debe haber algo. Algo lo suficiente importante como para confirmar si merece o no entrar en el grupo.

Y como he dicho antes, como si hubiera nacido para ésto, ocurre.

1021. Así se hace llamar.

No sabe quiénes somos en realidad. Conoce la parte que nosotros hemos querido que conozca. Pero aún así, ya se siente incondicional e irrevocablemente unido a nosotros.

Noche cualquiera. Parque cualquiera atestado de gente bebiendo.

Un veloz movimiento nos distrae. 1021, veloz, desaparece dejando el rastro del viento agitado a sus espaldas.

Súbitamente aparecen los Jinetes. Nada, estamos limpios. Porque 1021 ha querido. Sin su capacidad de detección, sin su velocidad y sin su rápida toma de decisiones, nos habríamos visto envueltos en una emboscada trágica. Difícil de de escapar de ella sin usar la aniquilación y el fuego. Suficiente para sacar a relucir nuestro verdadero yo, y para destapar el secreto. Todos sabrían quienes somos y yo ya no estaría aquí, escribiendo.

Mis hermanos y yo no nos dijimos nada. Pero lo pensábamos.

Algo va a cambiar, y entonces, ya ha cambiado.

Volveremos a ser cinco, pronto. Muy pronto.

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