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martes, 2 de febrero de 2010

Post noventa y nueve.

ποταμοις τοις αυτοις εμβαινομεν τε και ουκ εμβαινομεν, ειμεν τε και ουκ ειμεν τε.
πάντα ρει

En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos.
Todo fluye. Todo cambia.

(Heráclito de Éfeso, El Oscuro)
La mente humana es finita. Las matemáticas no. Podemos imaginar una dimensión (X), dos dimensiones (X,Y) y tres dimensiones (X,Y,Z). Pero no más. Sin embargo, en las matemáticas todo es posible. Resultados negativos, números irreales, integrales, fracciones. Todo se puede dar. Y esto también se cumple en el campo de la física. Resultados en los que la velocidad, el espacio, son negativos y son totalmente correctos pues representan una realidad.
Sólo hay una magnitud que nunca puede ser negativa ni en nuestra mente ni en cualquier campo científico. La magnitud más importante de todas habidas. Esencial y necesaria, tanto, que incluso pensamos que podríamos vivir sin su desconocimiento. Ilusos. Una magnitud que a pesar de estar definida por nuestra mente, podría perfectamente poseer otros valores. Una magnitud por convenio que no representa la realidad. Y que sin embargo, sin ella, la realidad no estaría representada en nuestra mente.
La magnitud suprema. La más bizarra. El tiempo.
Una velocidad expresada en valor negativo hace referencia a una desaceleración. Un espacio negativo hace referencia a un retorno. Porque todo vuelve y todo se frena. El mayor ejemplo, la fecha de caducidad de nuestras vidas. Pero el tiempo transcurre. Lentamente y sin hacer ruido avanza hasta el infinito y más allá observando paulatinamente como todos nosotros sucumbimos ante su constancia. Somos títeres del mayor tirititero de todos los tiempos.
Muchos libros de autoayuda afirman que la clave del éxito es la correcta administración del tiempo, olvidando que es ÉL quien realmente nos administra a nosotros.
Por ello, como dijo Héraclito, "todo cambia" porque el tiempo avanza y como consecuencia nada es igual es lo que antes era. Las moléculas que forman el agua de un río se desplazan constantemente ocupando diferentes posiciones. Nuestros propios ojos se mueven microscópicamente por mucha voluntad que tengamos de mantenerlos fijados en un determinado punto.
Y, análogamente, nuestras vidas cambian.
Incluso en la de WeekendWars. Nos acercamos al primer cumpleaños del año. El primer miembro que sobrepasará la frontera del campo de batalla para llegar a un mundo nuevo, en el que, dicen, la libertad gobierna.
Incluso la joven vida de este blog continúa. Post número 99.
Sin embargo, me alegra comentar que algunas cosas, de momento, no van a cambiar. WeekendWars sigue vivo. Jota se siente muy orgulloso de ser uno de los fundadores de este clan y no va a perecer en el intento de conseguir ser sublimes (más de lo que lo somos).
Hay motivos para la esperanza. Y sobre todo, para seguir liándola.
En parte, muchas cosas se acabarán y otras tantas nacerán. Fin de ciclo. E inicio de otro.
Es el fin de este camino. Hermanos, nos espera la autopista.
Neil

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