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miércoles, 20 de enero de 2010

Vitamina T.

Últimamente tengo la impresión de que todo transcurre muy lentamente. Las horas, las clases, las conversaciones, las comidas... Y no es algo que sólo perciba yo. O al menos, que me ocurra sólo a mí. En la calle todo posee una tonalidad tranquila y ausente. Prohibida de toda agitación. La gente camina mansamente. Los coches han pérdido ese ritmo que te hacía cruzar apresuradamente el paso de zebra. Incluso he visto en algunos semáforos que el ícono luminoso tiene los brazos caídos.

Es siniestro.

Por alguna extraña razón, esta ciudad ha sido desprovista de toda perturbación. Y me estoy contagiando. Llego a las citas tarde, pero no más tarde que con el que me he citado. Hasta las nubes se desplazan lentamente. ¿Y el viento? Parece que se ha lesionado y ya no tiene ganas de volar.

Miles de cábalas bombardean mis pensamientos. Y sólo llego a una respuesta. Esta ciudad necesita vitaminas.

Las vitaminas (del latín vita (vida) + el griego αμμονιακός, ammoniakós "producto libio, amoníaco", con el sufijo latino ina "sustancia") son compuestos heterogéneos imprescindibles para la vida, que al ingerirlas de forma equilibrada y en dosis esenciales puede ser trascendental para promover el correcto funcionamiento fisiológico y en muchos casos son recomendados para los trastornos provocados por el cansancio, abatimiento y apatía.

Sin embargo, tratándose de un sujeto mucho mayor que un propio individuo, es decir, una ciudad, la vitamina recomendada tiene un nombre específico: VITAMINA T.

Necesitamos esa sustancia, ese aglomerado de átomos con funciones específicas en el organismo capaz de reactivar los órganos e incluso incrementar su función biológica. Necesitamos volver a sentirnos vivos. Volver a sentir viejas sensaciones, como el miedo, la expectación o la sorpresa. Necesitamos volver a escuchar ruidos extraños en calles vacías.

Necesitamos la presencia activa de un hombre que represente a 3000 litros de Red Bulls.
Necesito a Señor T.
Necesitáis a Señor T.

Por mi bien.
Y el vuestro.

Neil

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