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Neil (107) Señor T (60) WeekendWars (37)

sábado, 20 de septiembre de 2014

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- ¡JOE, HACKEA EL SISTEMA DE UNA MALDITA VEZ! - grité. - ¡SE ACERCAN! ¡NECESITO QUE BLOQUEES TODAS LAS PUERTAS O ENTRARÁN EN EL EDIFICIO! - Sabía que debía mantener la calma. De momento, las cosas estaban saliendo según el plan establecido. El Capitolio era nuestro, su líder estaba amordazado y las fuerzas de seguridad habían sido destruidas. Pero no podía dejar de mirar a través del gran ventanal del despacho principal. Era de noche, llovía a cántaros, pero al fondo de la calle podía distinguir multitud de luces. Se acercaba un ejército. Venían a defender el asalto a La Ciudad.

- ¡Sí, señor! Hago todo lo que puedo. Vamos por el 75%, señor. - podía sentir como se le quebraba la voz de los nervios.

En el fondo de la sala se encontraba Mike limpiándose una enorme brecha que se había hecho en la frente.

- ¿Estás bien? - me acerqué a él, interesándome.

- Sí, señor. Es un corte de nada. - dijo esbozando media sonrisa.

Mientras tanto, Sarah apuntaba con su pipa al Líder mientras le amenazaba con volarle la cabeza sino dejaba de moverse.

Y ahí estaba yo. Rodeado de tres chavales. Muy preparados en la teoría, pero inexpertos en la práctica. Jóvenes, inocentes, y con miedo. Pero con ambición y con disciplina. Sabía que en el futuro liderarían a la Resistencia en cuanto yo ya no pudiera. Pero de momento, aún les quedaba mucho por aprender, y aquello no era el mejor campo de entrenamiento del mundo.

Las cosas habían cambiado. Estábamos echando el resto. O vivíamos para contarlo, o moríamos como héroes.

Por desgracia, yo ya no era el mismo. Me había hecho mayor. Hace unos años luchaba con mis hermanos en guerrillas urbanas, y ahora era el líder de La Resistencia. Era su esperanza. Confiaban en mí, y vendrían conmigo hasta el fin del mundo.

Pero yo no dejaba de pensar en mis hermanos. En WeekendWars. 

Desaparecieron años atrás cuando las cosas comenzaron a ponerse feas. El Imperio les capturó dicen los rumores. Otros dicen que murieron. Pero la realidad es que en una de las batallas más horribles que recuerda el País, ellos desaparecieron. Perdimos muchas vidas en nuestro bando, pero la de ellos me consumió. 

Me pasé semanas y meses vagando por todo el país. Buscando pistas, datos, lo que fuera. No podía rendirme. Me infiltré en las mismísimas cárceles del Capitolio. Pero nada. Jamás les volví a ver. Y mientras tanto, la Resistencia perdió fuerzas.

Cuando volví de mi búsqueda, estaba irreconocible. Más delgado y débil. Y sobre todo, más mayor y viejo. Como si de repente, veinte años hubieran caído sobre mis espaldas.

BOOM!

Una gran explosión me hizo volver a la realidad. Habían lanzado una granada, pero había caído en la planta de abajo.

Miré por la ventana. Maldita sea, ya estaban a menos de quinientos metros y parecían centenares. Y nosotros sólo eramos tres. Era una misión suicida, y no quise traer a más gente de la necesaria. Habíamos perdido muchas vidas en el asalto a la Ciudad y al Capitolio, y ahora solo quedábamos Mike, Joe, Sarah y yo. 

- Joe, ¿cuánto queda? - pregunté impaciente.

- Vamos por el 85%, señor...

- Mike, Sarah, preparaos. - anuncié con firmeza.

Sabía que probablemente ese sería nuestro fin. Volví a armarme y cogí por última vez mi vieja máscara.

"Que el fin del mundo me reciba peleando por La Resistencia" dije para mí mismo, y miré por el objetivo de la francotiradora para alcanzar al primer enemigo.

De repente, algo ralló el cielo iluminándolo por completo durante dos segundos acompañado de un grave sonido que molestaba muchísimo.

- ¿Qué coño es eso?

Las tropas enemigas también parecieron desconcertarse pues frenaron su marcha mirando al cielo.

- Sea lo que sea, no es de ellos - comenté extrañado. - No perdáis la concentración, estad atentos a todo.

Y entonces, todo comenzó a ir mucho más lento. El tiempo se congeló, y desde las profundidades de los cielos, de entre las tinieblas de la tormenta, un enorme CAZA acorazado emergió majestuoso posándose enfrente del gran ventanal.

- ¡CORRED, JODER, CORRED COMO SI NO QUEDARA MAÑANA! NOS VAN A DISPARAR - grité con todas mis fuerzas mientras me ponía a cubierto esperando el estallido final.

BOOM!

Una enorme explosión de color rojo y de estruendo invadió cada resquicio de nuestra alma.

Pero seguíamos vivos, y el edificio intacto.

"¿Pero qué...?" Corrí hacia el gran ventanal. El caza estaba lanzando misiles a diestro y siniestro contra las tropas enemigas.

- ¿Quién coño es ese? - chillaba Sarah histérica.

Por primera vez en mi vida, yo no tenía respuesta. Estaba bloqueado deleitándome del increíble baile de ese caza en el cielo lanzando fuego cual Fénix que resurge de sus cenizas.

En una de sus piruetas, el caza volvió a apuntar hacia el edificio. No podía ser... 

En la cabina de esa máquina habían tres soldados con máscaras de payasos.

Las máscaras.

Sus máscaras.

Erre, Jota y Señor T estaban ahí.

Pude ver como Señor T se ponía una especie de mando cerca de la boca y comenzaba a hablar... y le podía escuchar. Yo y todos. Al parecer el Caza llevaba un enorme megáfono.

- Muy bien, señoritas, quiero decirles que hoy van a morir. Así qué, comenzad a correr, porque me encanta jugar al perro y el gato. Sólo que vosotros sois hormigas Y YO SOY UN PUTO KRAKEN HIJOS DE PUTA.

El Caza volvió a ascender haciendo piruetas imposibles en el aire al tiempo que disparaba misiles a una velocidad de vértigo.

Y ante mí, el cielo se iluminaba de fuego mientras la voz de Señor T resonaba en todos los rincones de la ciudad. Se estaba, literalmente, descojonando.

Sonreí. Como hacía años que no lo había hecho.

Estaban vivos.
Habían vuelto.
Y eran imparables.

Memorias de WeekendWars.
temporada 2014 -2015.

Neil.

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