Y ahora me busco sin encontrarme. Me escucho sin entenderme. Respiro y me quedo sin aire. Camino y levito en este viento que no vuela, que no sueña.
El miedo se ríe.
Sólo es una etapa más que una parte de mí no quiere dejar escapar. Y sólo digo que no sé qué hacer. Y aunque a veces parezco el actor secundario de mi vida, sigo sintiendo. Sin querer sentir.
Estoy ante uno de los puzzles más raros que jamás he tenido que resolver. Nada encaja. Cada pieza es un nuevo puzzle con miles de piezas más. Ninguna quiere enterarse de que el juego hace tiempo que empezó. Unir una pieza sólo consigue sacar otra.
Empieza todo a confundirme. Me sorprendo con cristales en los ojos una noche, y me hace pensar lo importante que es para mí. Más de lo que estaba dispuesto a asumir. Más de lo que siempre he querido aceptar.
Y todos los principios serán eternamente bonitos. Una película de verdad, de las que te hacen imaginar que tal vez la felicidad no se vaya tan allá de nuestros ojos.
Un arma. La más importante. Tu ser. Lo concedes en un tarro vacío con la esperanza de llenarlo de un plural: nosotros. Y poco a poco, cada vez más, comienzas a tener la convicción de que alguna cosa habrá que dejar fuera. Cada rincón empieza a ser especial. Más especial que todo lo que hasta ahora eras capaz de imaginar.
Nace en ti un nuevo sentido, capaz de entender a esa pareja que se mira y sonríe, sin más. Cómo si de la ley de acción y reacción se tratara.
Y entonces. Algo ocurre. Un error.
Todo se rompe violentamente contra el suelo. Tus lágrimas y los cristales dibujan la palabra traición en el suelo.
Todo se termina y la sensación más terrible de todas las que el ser humano pueda imaginar te invade: el dolor.
Tu mirada se oxida. Y el miedo te encuentra. Te has equivocado...
Pero el destino es juguetón. Os volvéis a encontrar.
¿Qué puedes hacer? Toda tu razón saben que no debes caer. Todos tus allegados lo evitarán.
Y en el fondo más profundo de tu corazón, quieres caer. Porque lo que hay ahí nadie podrá cambiarlo.
¿Y ahora? Estoy rompiendo todas las reglas, iré al infierno de todos modos, así que he pensado hacerlo hasta el fondo.
Neil
jueves, 22 de septiembre de 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
Nueva temporada.
Cabizbajo garabateo mi nombre en la tierra. Suspiro, miro al cielo, y vuelvo a bajar la cabeza. Cómo han cambiado las cosas en dos meses, pienso. ¿Y hasta qué punto pueden seguir cambiando? Sin pena ni gloria el verano se ha terminado prácticamente. Será fácil olvidarlo. Nada especial que comentar. Hasta el punto de que por un momento he llegado a pensar que mi vida, nuestras vidas, no eran más que el reflejo de una sociedad marchita y contaminada que se pudre a una velocidad de vértigo.
Pero hoy me he despertado con una sensación olvidada. He perdido la noción del tiempo, de los días. Y sin embargo, mi inconsciente es la única razón por la que sigo despierto. No deja de trabajar nunca. Y yo me alegro, porque sin él no habría mirado el calendario.
Nuevo mes. Septiembre.
Una melodía siniestra aleja mis pensamientos. Atraído de forma hipnótica me acerco al sonido. No parece estar muy lejos.
Una guitarra suena en Banco. Acelero el paso.
Y ahí está. Todo se detiene, incluso mi respiración. Nos miramos y vislumbro sus colmillos de forma fugaz en lo que a mi me recuerda a una sonrisa muy familiar. Con pose desenfadado acurruca su vieja guitarra en su chupa de cuero.
- Llegas tarde - comenta jovialmente mientras se levanta para abrazarme.
- Y aún así soy el primero - respondo en el mismo tono.
- Espera - termina de forma misteriosa Señor T.
Quería preguntarle, hablar. Tenía tantas cosas que decirle, quería saber otras tantas más.
Pero no me dio tiempo a articular las cuerdas vocales. Una explosión a unos pocos metros de nosotros seguido de un par de fuegos artificiales despejó todas mis dudas.
Sobre un coche ardiendo se encontraba 1021 con los brazos en cruz, encapuchado y mirando al cielo amenazante. Tras él, fuego.
Sin tiempo para buscar una explicación razonable Erre y Jota emergieron de las cenizas que la destrucción letal estaba dejando a su paso. Cargaban con grandes bolsas negras que debido a la cantidad de cosas que llevaban dentro no se había cerrado del todo.
Sobresalía un par de bates, máscaras, indumentarias negras.
Había pasado todo el verano a la sombra, viviendo de noche y durmiendo de día. Me había separado de ellos lo suficiente como para no entender nada de lo que estaba ocurriendo. Comprendí que era demasiado evidente mi desconcierto. Algo que hacía disfrutar a Señor T, siempre fan de las primeras impresiones.
El sonido de las ambulancias y los coches de policía comenzaban a hacerse notar unas calles atrás.
Lo lógico habría sido que 1021 bajara del coche y que nosotros comenzaramos a correr.
Pero definitivamente las cosas habían cambiado del todo.
En vez de eso, 1021 se giró hacia donde procedía el sonido mientras que fugazmente sacaba algo de su chaqueta. Le prendía fuego y lo lanzaba al cielo.
Más fuegos artificiales que simbólicamente sólo podían significar una cosa: estamos aquí, venid.
Erre y Jota, ya con nosotros, comenzaron a sacar lo que portaban en las bolsas. Un par de chaquetas negras, nuestras queridas máscaras, bates, petardos...
- Vamos, vamos - gritaba 1021 que ahora sí venía hacia nosotros. No era un grito desesperado, sino de entusiasmo.
- Por fin algo divertido - reía Erre.
Y así es como comienzan las grandes historias. Tal vez no las de la gente normal, pero sí las nuestras. Hemos vueltos, estamos aquí. Y tú lo tienes que saber.
WeekendWars 2011 - 2012
Pero hoy me he despertado con una sensación olvidada. He perdido la noción del tiempo, de los días. Y sin embargo, mi inconsciente es la única razón por la que sigo despierto. No deja de trabajar nunca. Y yo me alegro, porque sin él no habría mirado el calendario.
Nuevo mes. Septiembre.
Una melodía siniestra aleja mis pensamientos. Atraído de forma hipnótica me acerco al sonido. No parece estar muy lejos.
Una guitarra suena en Banco. Acelero el paso.
Y ahí está. Todo se detiene, incluso mi respiración. Nos miramos y vislumbro sus colmillos de forma fugaz en lo que a mi me recuerda a una sonrisa muy familiar. Con pose desenfadado acurruca su vieja guitarra en su chupa de cuero.
- Llegas tarde - comenta jovialmente mientras se levanta para abrazarme.
- Y aún así soy el primero - respondo en el mismo tono.
- Espera - termina de forma misteriosa Señor T.
Quería preguntarle, hablar. Tenía tantas cosas que decirle, quería saber otras tantas más.
Pero no me dio tiempo a articular las cuerdas vocales. Una explosión a unos pocos metros de nosotros seguido de un par de fuegos artificiales despejó todas mis dudas.
Sobre un coche ardiendo se encontraba 1021 con los brazos en cruz, encapuchado y mirando al cielo amenazante. Tras él, fuego.
Sin tiempo para buscar una explicación razonable Erre y Jota emergieron de las cenizas que la destrucción letal estaba dejando a su paso. Cargaban con grandes bolsas negras que debido a la cantidad de cosas que llevaban dentro no se había cerrado del todo.
Sobresalía un par de bates, máscaras, indumentarias negras.
Había pasado todo el verano a la sombra, viviendo de noche y durmiendo de día. Me había separado de ellos lo suficiente como para no entender nada de lo que estaba ocurriendo. Comprendí que era demasiado evidente mi desconcierto. Algo que hacía disfrutar a Señor T, siempre fan de las primeras impresiones.
El sonido de las ambulancias y los coches de policía comenzaban a hacerse notar unas calles atrás.
Lo lógico habría sido que 1021 bajara del coche y que nosotros comenzaramos a correr.
Pero definitivamente las cosas habían cambiado del todo.
En vez de eso, 1021 se giró hacia donde procedía el sonido mientras que fugazmente sacaba algo de su chaqueta. Le prendía fuego y lo lanzaba al cielo.
Más fuegos artificiales que simbólicamente sólo podían significar una cosa: estamos aquí, venid.
Erre y Jota, ya con nosotros, comenzaron a sacar lo que portaban en las bolsas. Un par de chaquetas negras, nuestras queridas máscaras, bates, petardos...
- Vamos, vamos - gritaba 1021 que ahora sí venía hacia nosotros. No era un grito desesperado, sino de entusiasmo.
- Por fin algo divertido - reía Erre.
Y así es como comienzan las grandes historias. Tal vez no las de la gente normal, pero sí las nuestras. Hemos vueltos, estamos aquí. Y tú lo tienes que saber.
We party rock.
WeekendWars 2011 - 2012
jueves, 21 de julio de 2011
En definitiva.
Poco a poco mis peores temores comienzan a confirmarse. Todo lo que podía salir mal, está saliendo mal. Cada miembro tiene un destino distinto. En unos meses, ninguno volverá a estar a poco más de cinco minutos de Banco. Y que nos reúnamos con facilidad resultará más difícil de lo que pensamos.
Las cosas cambian, y ya han cambiado. Esto se acaba. Nos hacemos mayores, dice uno voz desde lo más profundo de mi alma. Y nada volverá a ser igual. Aunque nos esforcemos, jamás volveremos a tener la misma sensación.
No sé qué va a suceder a partir de ahora. Pero nada parecido a lo que era hasta ahora.
Sólo nos queda una última opción de que la leyenda de lo que fuímos se mantenga intacta. Un miembro entra para ayudarnos. Un hermanos más.
Nos enfrentaremos a la última batalla. La más grande y dura de todas a las que nos hemos enfrentado.
Qué haremos. No lo sé. Nunca lo sabemos. Pero lo haremos. Debemos.
En fin, no es un gran día para el grupo.
Las cosas cambian, y ya han cambiado. Esto se acaba. Nos hacemos mayores, dice uno voz desde lo más profundo de mi alma. Y nada volverá a ser igual. Aunque nos esforcemos, jamás volveremos a tener la misma sensación.
No sé qué va a suceder a partir de ahora. Pero nada parecido a lo que era hasta ahora.
Sólo nos queda una última opción de que la leyenda de lo que fuímos se mantenga intacta. Un miembro entra para ayudarnos. Un hermanos más.
Nos enfrentaremos a la última batalla. La más grande y dura de todas a las que nos hemos enfrentado.
Qué haremos. No lo sé. Nunca lo sabemos. Pero lo haremos. Debemos.
En fin, no es un gran día para el grupo.
martes, 19 de julio de 2011
Encargando una máscara más.
Aparentar ser quiénes no somos siempre es difícil. Buscamos aprender del resto de mortales que nos rodean. Sus gestos, sus miradas. Todo es importante para saber como debemos comportarnos. Para intentar pasar desapercibidos.
Mantenemos una vida normal. O eso intentamos.
Tenemos nuestro trabajo, nuestros estudios y algo de relación social. Nadie, a simple vista, podría pensar que nuestra verdadera vida queda ocultada tras una máscara sepulcral.
Nadie de los que nos rodean podrían llegar a creer que somos los que luego causarán el pánico cuando la oscuridad caiga sobre las últimas horas del día. Nadie, en su sano juicio, llegaría a vernos como una amenaza tras nuestra gran capacidad para ser encantadores con todo ser orgánico.
Y, a veces, ocurre.
No todo el mundo puede pertenecer a WeekendWars. Y quiénes lo intentaron, cayeron en el olvido.
Buscamos con fervor nuevos miembros capaces de magnificar nuestro legado más allás de las fronteras que existen para sólo cuatro personas. Pero es muy difícil. Todos son tan imperfectos, tan humanos.
Es fascinante como casi siempre, cuando buscas algo, lo tienes delante. Y no te enteras.
Entonces llega alguien. Interesante. Podría valer, pensamos.
Hago gala de mi don para psicoanalizar todas y cada una de sus microexpresiones, movimientos y actitudes. Es bueno, les digo a mis hermanos.
El interés crece.
El sujeto analizado causa sensación.
Pero debe haber algo. Algo lo suficiente importante como para confirmar si merece o no entrar en el grupo.
Y como he dicho antes, como si hubiera nacido para ésto, ocurre.
1021. Así se hace llamar.
No sabe quiénes somos en realidad. Conoce la parte que nosotros hemos querido que conozca. Pero aún así, ya se siente incondicional e irrevocablemente unido a nosotros.
Noche cualquiera. Parque cualquiera atestado de gente bebiendo.
Un veloz movimiento nos distrae. 1021, veloz, desaparece dejando el rastro del viento agitado a sus espaldas.
Súbitamente aparecen los Jinetes. Nada, estamos limpios. Porque 1021 ha querido. Sin su capacidad de detección, sin su velocidad y sin su rápida toma de decisiones, nos habríamos visto envueltos en una emboscada trágica. Difícil de de escapar de ella sin usar la aniquilación y el fuego. Suficiente para sacar a relucir nuestro verdadero yo, y para destapar el secreto. Todos sabrían quienes somos y yo ya no estaría aquí, escribiendo.
Mis hermanos y yo no nos dijimos nada. Pero lo pensábamos.
Algo va a cambiar, y entonces, ya ha cambiado.
Volveremos a ser cinco, pronto. Muy pronto.
Mantenemos una vida normal. O eso intentamos.
Tenemos nuestro trabajo, nuestros estudios y algo de relación social. Nadie, a simple vista, podría pensar que nuestra verdadera vida queda ocultada tras una máscara sepulcral.
Nadie de los que nos rodean podrían llegar a creer que somos los que luego causarán el pánico cuando la oscuridad caiga sobre las últimas horas del día. Nadie, en su sano juicio, llegaría a vernos como una amenaza tras nuestra gran capacidad para ser encantadores con todo ser orgánico.
Y, a veces, ocurre.
No todo el mundo puede pertenecer a WeekendWars. Y quiénes lo intentaron, cayeron en el olvido.
Buscamos con fervor nuevos miembros capaces de magnificar nuestro legado más allás de las fronteras que existen para sólo cuatro personas. Pero es muy difícil. Todos son tan imperfectos, tan humanos.
Es fascinante como casi siempre, cuando buscas algo, lo tienes delante. Y no te enteras.
Entonces llega alguien. Interesante. Podría valer, pensamos.
Hago gala de mi don para psicoanalizar todas y cada una de sus microexpresiones, movimientos y actitudes. Es bueno, les digo a mis hermanos.
El interés crece.
El sujeto analizado causa sensación.
Pero debe haber algo. Algo lo suficiente importante como para confirmar si merece o no entrar en el grupo.
Y como he dicho antes, como si hubiera nacido para ésto, ocurre.
1021. Así se hace llamar.
No sabe quiénes somos en realidad. Conoce la parte que nosotros hemos querido que conozca. Pero aún así, ya se siente incondicional e irrevocablemente unido a nosotros.
Noche cualquiera. Parque cualquiera atestado de gente bebiendo.
Un veloz movimiento nos distrae. 1021, veloz, desaparece dejando el rastro del viento agitado a sus espaldas.
Súbitamente aparecen los Jinetes. Nada, estamos limpios. Porque 1021 ha querido. Sin su capacidad de detección, sin su velocidad y sin su rápida toma de decisiones, nos habríamos visto envueltos en una emboscada trágica. Difícil de de escapar de ella sin usar la aniquilación y el fuego. Suficiente para sacar a relucir nuestro verdadero yo, y para destapar el secreto. Todos sabrían quienes somos y yo ya no estaría aquí, escribiendo.
Mis hermanos y yo no nos dijimos nada. Pero lo pensábamos.
Algo va a cambiar, y entonces, ya ha cambiado.
Volveremos a ser cinco, pronto. Muy pronto.
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