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Neil (108) Señor T (60) WeekendWars (37)

jueves, 16 de diciembre de 2010

Fijaos qué bien

Hola, soy el Señor T. Estoy actualizando desde el Starbucks.
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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Un espejo, un pensamiento y una realidad.

Y ahora sólo me quedas tú.

A decir verdad, tengo la sensación, hoy más que nunca, de que sólo has estado tú. Y de que siempre estarás tú.

Es triste reconocerlo. Pero peor es vivirlo.

Veo en en mi mente, como si se tratara de un álbum de fotos, imágenes de mis seres más queridos. Momentos inolvidables, anécdotas inenarrables, miradas fugaces y gestos de complicidad.

Todo eso que ya no tengo.

Y no es que lo haya perdido, es que ellos se han ido. Porque han querido. Y como han querido.

Al final llega un momento en el que nadie es imprescindible en tu vida. Que todos acabarán por alejarse de ti. Que personas en las que confiabas, personas en las que creías, personas a las que querías se irán. Para no volver a tu lado. Y de la forma más vil posible; traicionándote.

Momentos como éste me da por pensar que tal vez el ser humano sí sea perfecto. Verdaderas máquinas capaces de olvidar sus sentimientos con el fin de beneficiarse a ellos mismos. O por hacer daño. O, simplemente, por diversión.

Que todo es pasajero y nada duradero, dicen. Sí, puede ser. Qué coño, estoy seguro. Porque no entiendo como una persona con la que has pasado los mejores momentos de tu vida, con la que lo has vivido todo, con la que te juraste amor eterno, es capaz de abandonarte sin más.

O amigos, ¿amigos?, que desaparecen. No sin antes demostrarte que perdiste el tiempo confesándoles tus más profundos secretos. Dejando claro que sólo te necesitaban por la conveniencia.

Una mierda. Todo es una mierda cuando te das cuenta de esta realidad constante.

La incertidumbre lleva acosándome varias noches. ¿Cuánto tiempo me queda para disfrutar de los que aún están conmigo? No sé...

Sólo estoy seguro de que únicamente te tengo a ti. A la imagen que veo en ese espejo. Sólo me tengo a mí. Sólo nos tenemos a nostros.

Neil.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Esta es y será tu vida.

Naces, creces y en el colegio o en el instituto te hacen unas cuantas putadas que no olvidarás en toda tu perra vida. Luego empiezas a tratar de definirte como persona, a tratar de ser la hostia pero con el tiempo ves que sólo eres tú mismo y no dejas de decepcionarte y descubrir nuevas limitaciones.

Un día te miras al espejo y ya eres adulto, has dejado de ser un chico prometedor para convertirte en alguien normal y ordinario, como ya no has destacado jamás destacarás, ya no eres especial.

Consigues un trabajo de mierda con sueldo de mileurista, tu familia te felicita como si fuera un milagro, te dices a ti mismo que es solo temporal y pasan los años. Una mañana te das cuenta de que esta es tu vida y de que el resto tampoco va a ser nada especial.

Te coges unos días libres, viajas un poco, ves destinos turísticos llenos de japoneses y anglosajones colorados con ropa de aventurero. Solo te sirve para darte cuenta de la vida que no puedes permitirte y regresas al trabajo, a mantener la productividad alta y poder pagar el nivel de vida mínimamente soportable que llevas.

Una mujer, ni guapa ni fea, igual de desesperada que tú, se te arrima con desgana dispuesta a concebir a tus hijos, de vez en cuando tiene un inmenso y desproporcionado rebote con alguna chorrada y concluyes que está tremendamente frustrada. No te abandonará jamás porque ya pasa de los 35 y no puede aspirar a nada mejor.
Siempre te compara con algún novio que tuvo y te hace ver que nunca fuiste su primera opción, con el tiempo su voz es como el zumbido del aire acondicionado para tí.

Una tarde, al salir del mismo trabajo aburrido y mal pagado en el que llevas atrapado media vida sientes un fuerte dolor en el brazo. Despiertas en el hospital y allí están tu mujer y dos decepcionantes hijos: una es un zorrón que come pollas a cambio de coca los sábados, el otro es un anormal obeso que dice que quiere tomarse un año sabático y dejar de estudiar. Todos lloran realmente preocupados pensando que palmabas.
El médico te dice que solo ha sido un susto, que no es nada serio, que hagas ejercicio y comas bien. Pero aún así todas las navidades rememoras el asunto en plena cena y la parienta llora.

Llegas a una edad avanzada, notas que el mundo ya te ha dejado atrás. La tecnología te supera, la gente es rara, las noticias te escandalizan y salir fuera te asusta. Miras por la ventana durante horas y te das cuenta de la puta verdad: Lo mas emocionante que te ha pasado en la vida ha sido ir al estreno de “El señor de los Anillos” o acabarte el “Shadow of the Colossus” en la Play.

Nunca has hecho nada excepcional, nunca has sido un héroe para nadie, tus palabras u opiniones nunca han sido escuchadas, tu existencia en este mundo ha pasado completamente inadvertida salvo por la contaminante huella de carbono fruto de tu existencia consumista.

Esta será tu vida a grandes rasgos, o la tuya, o la tuya, da igual quién lea esto. Es una verdad inapelable, matemática. Tratarás de huir de esto viviendo experiencias límite, tomando drogas, desmadrando con el coche, pero nada te apartará de este camino que ya está trazado.

Desmentidlo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

DIA 454

Hola, soy el Señor T. Después de dos largos meses sin que el el mundo mereciera mi retorno a nuestros artículos virtuales, me he visto obligado a volver a plasmar cada uno de mis siniestros pensamientos. Y es que a partir del final del verano mis expectativas eran de unos nueve meses de tranquilidad y paz interior, justo lo contrario de lo que realmente existe en mi vida. Apenas han transcurrido tres meses desde entonces, pero me está pareciendo una eternidad. La demagogia, desconfianza o la simple duda ante todo, son hechos que no hacen mas que atormentarme cada día. Veo como todos los cimientos de mi carácter y forma de ser empiezan a desmoronarse cada vez mas rápido, después de haber cometido errores(sabiendo en qué me metía) cuyas consecuencias creía surrealistas, y que ahora están haciendo acto de presencia en todo su esplendor. Pero lo que realmente puede conmigo es mi incapacidad de controlar esta situación. Lo único que puedo hacer es desviar un poco el trayecto, cual árbol que con sus ramas corta el viento para que después siga su curso como si nada se hubiera interpuesto en su camino. Pero al final, parece que las cosas no van a tener remedio, y no habrá más opción que reconstruirlo todo.
Ciertamente, hay cosas que sí animo a que caigan, aspectos en mi vida relacionados con ineptos, los cuales no hacen más que emponzoñarme la mente, pero otros de los cuales no quiero separarme ya que son la base de mi tranquilidad y capacidad de mantener la compostura ante viento y marea, tal como WeekendWars entre otros, que se sentirán aludidos al leer esto. Y por ellos voy a darlo todo, absolutamente todo, aunque me deje la piel y la mente en ello. Pues hay cosas que, por mantenerlas, vale la pena perderlo todo.